Según analistas, la cumbre del clima de la ONU debe convencer a los países para que elaboren planes de transición y abandono de los combustibles fósiles
La cumbre climática de la ONU, a celebrarse de manera compartida entre Turquía como anfitrión y Australia como líder de las negociaciones, se desarrollará en un contexto geopolítico complicado. Como dice el director general de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, en medio de la“mayor crisis energética de la historia”; por tanto, según algunos expertos, en la próxima cita de la COP31 deberá incluir en su agenda, con más aplomo la transición energética, la dependencia de los combustibles fósiles y, la asequibilidad y el aceso a la energía.
El último encuentro climático en Belém, Brasil, creó varios pilares importantes, tales como un Acelerador de la Implementación Global, un Mecanismo de Transición Justa y el programa de trabajo sobre financiación climática. Así como una Agenda de Acción ampliada vinculada al primer Balance Mundial y las Hojas de Ruta de Belém sobre bosques y transición hacia fuentes de energía renovables.
Sin embargo, la COP31 deberá pasar definitivamente de los marcos de trabajo a la implementación. Un debate que ya fue impulsado e profundidad por la cumbre alternativa sobre la transición hacia fuentes de energía renovables celebrada en abril en Santa Marta, Colombia.

Este avance es crucial debido a que los países que pagan el precio más alto por la volatilidad de los combustibles fósiles no son las naciones ricas, sino los países de bajos ingresos y netos importadores, quienes sufren el impacto más duro de esta dependencia. El encarecimiento de la energía eleva los costos de los alimentos, dispara la inestabilidad política y profundiza la carga de la deuda soberana, transformando la crisis de los fósiles en una contingencia de desarrollo.
COP31: no más retrasos a la transición energética
Un análisis de Andreas Sieber (350.org) y Shady Khalil (Oil Change International) publicado en Climate Home News, señala que sin una planificación creíble y cooperación internacional, la transición energética, a abordarse en la COP31, corre el riesgo de ser demasiado lenta y cada vez más caótica. Con una destrucción de la demanda de combustibles fósiles que se produciría a través del racionamiento, las fluctuaciones de precios. E incluso, la desindustrialización, en lugar de mediante una transformación gestionada y justa.
Esto contrasta directamente con el compromiso de una Agenda de Acción ampliada vinculada al primer Balance Mundial de una transición ordenada para abandonar los combustibles fósiles. Las hojas de ruta nacionales pueden ayudar a trazar caminos más estables. Y, al mismo tiempo, coordinados que reduzcan las perturbaciones sociales y contribuyan a la estabilidad geopolítica y económica. Turquía y Australia deberían demostrar liderazgo como anfitriones de la COP31. Para Turquía, esto es especialmente urgente dada la ausencia de una fecha para la eliminación gradual del carbón, cita el artículo.

Cálculos de 350.org advierten que el aumento vertiginoso de los precios del petróleo y el gas ha supuesto pérdidas de alrededor de 3.000 millones de dólares para la población y las empresas turcas tan solo en los dos primeros meses de la crisis actual.
Mientras tanto, Australia se enfrenta a un desafío de credibilidad diferente. Si bien se posiciona como una potencia en energías renovables, también sigue siendo uno de los mayores exportadores de combustibles fósiles del mundo. Y se enfrenta a peticiones para gravar sus exportaciones de combustibles fósiles.
Despedirse de los fósiles en forma ordenada
Oil Change International indica que cuatro países del Norte Global —Estados Unidos, Canadá, Noruega y Australia— son responsables de casi el 70% de la expansión proyectada de la industria del petróleo y el gas entre 2025 y 2035. Lo que equivale a cerca de tres veces las emisiones anuales de todas las centrales eléctricas de carbón del mundo.
El párrafo 36 de la Decisión Mutirão, acordada en la COP30, ya invita a los gobiernos a presentar planes específicos. Tanto de implementación como de inversión para sus planes climáticos nacionales de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). Las Hojas de Ruta de Belém sobre bosques y transición hacia fuentes de energía renovables podrían convertirse en una forma de poner en práctica ese compromiso. Al tiempo que crean un espacio para que los países definan trayectorias nacionales alineadas con sus propias prioridades y limitaciones de desarrollo.

Esto es importante porque algunos de los aspectos más políticamente complejos del primer Balance Mundial de 2023 —especialmente la transición hacia fuentes de energía renovables y la detención de la deforestación— son precisamente aquellos en los que la implementación se queda rezagada con respecto a la retórica.
Los gobiernos siguen respaldando los objetivos de transición. Pero deben abordar con mayor seriedad las cuestiones más difíciles: cómo se protege a los trabajadores, cómo se modernizan las redes eléctricas. También cómo se adaptan las industrias y cómo los países financian la transición manteniendo el desarrollo económico y el acceso a la energía.
Estas hojas de ruta nacionales coordinarían los esfuerzos internos entre ministerios y externos con inversores y bancos de desarrollo. Aportarían claridad sobre los plazos, las necesidades de infraestructura y las brechas de financiamiento, garantizando que el proceso sea rápido y equitativo.
Reducir la alta volatilidad
Los primeros países dispuestos a desarrollar planes creíbles ayudarán a reconstruir la confianza. Demostrando que el abandono gestionado del carbón, petróleo y gas puede coexistir con el desarrollo económico. La creación de empleo y la seguridad energética en lugar de socavarlos. Emulando así el espíritu de concertación práctica de Santa Marta.
El propósito es transformar las promesas climáticas en acciones reales que respetan las realidades nacionales y superen barreras críticas como las cargas de la deuda y las reglas comerciales.

Además, la COP31 también ofrece a Turquía y al presidente Recep Tayyip Erdoğan una oportunidad diplomática excepcional. En un momento de creciente fragmentación entre el Norte y el Sur —y entre el Este y el Oeste—, Turquía podría aprovechar su papel de potencia intermedia y actuar como mediadora. Capaz de revitalizar el proceso climático con un impulso político de alto nivel y convocar una cumbre de líderes con amplia participación.
Los líderes que asistan a la COP31 deberían ayudar a los países a acordar que las hojas de ruta de una transición energética ordenada. Sería una forma práctica de convertir las promesas climáticas en acciones concretas. Estos compromisos reflejarían las realidades nacionales, al tiempo que identificarían las necesidades de cooperación internacional y regional. Incluso en materia de financiación y obstáculos para la transición, como la carga de la deuda, el acceso a la tecnología y las normas comerciales.
Estas rutas para la transición hacia fuentes de energía no fósiles son hojas de ruta para la resiliencia económica y la seguridad energética. Así como la estabilidad política en un mundo mucho más volátil.
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