Una resolución, aprobada por unanimidad de ese municipio, ubicado en la provincia de Quebec, Canadá, establece que los árboles tienen el derecho a vivir, crecer, prosperar y regenerarse
Durante milenios, los pueblos indígenas —como los innu, los haida o los cree— no han visto a los árboles y bosques como «recursos naturales» a la espera de ser talados, sino como parientes, vecinos y entidades dotadas de espíritu y vida. Para estas culturas, la naturaleza no es un objeto de propiedad, sino un sujeto de relaciones. En años recientes, esta filosofía ancestral ha comenzado a permear y, el pequeño pueblo de Terrasse-Vaudreull, ubicado en la provincia de Quebec, se ha convertido en el primer municipio de Canadá en reconocer a los árboles como seres vivos.
La decisión, aprobada por unanimidad por el concejo municipal, establece que los árboles tienen el derecho a vivir, crecer, prosperar y regenerarse.
El alcalde Michel Bourdeau afirmó que fue el cineasta André Desrochers quien inspiró a la comunidad a adoptar esa medida. Según Bourdeau, la película de Desrochers, titulada ‘Des arbres et des arts’, (‘Los árboles y las artes’), convenció a los ciudadanos de que los árboles son seres vivos que respiran y se comunican entre sí a través de sus sistemas de raíces.

“Un árbol es como un ser humano. Respira, vive, absorbe agua. Nos protege de todo tipo de cosas”, sostiene Bourdeau.
Terrasse-Vaudreull otorga derechos a los árboles
El Observatorio Internacional de los Derechos de la Naturaleza señala que Terrasse-Vaudreull, de unos 2.000 habitantes y situada a 64 kilómetros al oeste de Montreal, se convirtió además en el primer municipio de Quebec, de Canadá y del mundo en adherirse a la Declaración Universal de los Derechos del Árbol. Los tres artículos centrales de la resolución municipal indican que los árboles son seres vivos y tienen derechos:
• Artículo 1: El árbol, ser vivo sensible y fuente de vida, es un bien común de la humanidad.
• Artículo 2: La vida en el planeta depende de la existencia del árbol.
• Artículo 3: La humanidad, dotada de razón y conciencia, debe actuar con el árbol con espíritu de fraternidad y solidaridad.
Además, la resolución municipal compromete al municipio a “integrar los principios de esta declaración en sus comunicaciones, políticas de desarrollo, prácticas de gestión de activos verdes. Y la modernización de su normativa de planificación urbana”. Así como a “promover la educación y la participación ciudadana para fomentar la coexistencia armoniosa con la naturaleza y la protección de la cubierta arbórea”.

La medida delega al Comité de Medio Ambiente la tarea de establecer “objetivos específicos y medidas innovadoras orientadas a la aplicación progresiva de este compromiso, en un espíritu de desarrollo sostenible y colaboración intermunicipal”. Y con la integración ciudadana.
Bourdeau asegura que la decisión no prevé que la medida vaya a causar problemas, como interferir con el desarrollo urbanístico, en parte porque la ciudad ya no dispone de terrenos baldíos donde construir. “En lo que respecta a la lucha contra el cambio climático, nuestro mayor aliado son los árboles», comentó
Una resolución municipal
Ricardo Rey, es el autor e iniciador de la Declaración Universal de los Derechos del Árbol, fundador de la Asamblea del Árbol y presidente de La Compagnie des Papillons Bleus. Una organización francesa sin fines de lucro que fundó, desarrolla, representa, administra y protege institucionalmente la Declaración y el dispositivo internacional construido en torno a ella.

Según Rey “el l 9 de junio de 2026, el Consejo Municipal de Terrasse-Vaudreuil, Quebec, adoptó por unanimidad la Resolución n.º 2026-06-111, mediante la cual el municipio adoptó formalmente la Declaración Universal de los Derechos del Árbol. La decisión no fue adoptada por Canadá ni constituye una ley federal, provincial o municipal. Se trata de una resolución municipal que reconoce institucionalmente los principios de la Declaración y prevé su aplicación progresiva mediante las comunicaciones, políticas, prácticas de gestión de los activos verdes y futura modernización de la normativa urbanística municipal”.
«La resolución», afirma, “no confiere personalidad jurídica a los árboles, no designa representantes legales y no crea por sí sola un régimen general de derechos directamente exigibles ante los tribunales”. Y reitera que “Terrasse-Vaudreuil es la primera autoridad local del mundo en haber adoptado formalmente esta Declaración”.

Garantía de un pulmón verde
Saber que un abeto de doscientos años en la Columbia Británica actúa como un “árbol madre” que cuida de su entorno cambia por completo la perspectiva moral. Si la ciencia demuestra que los árboles sienten la tensión del entorno, se comunican y sostienen redes complejas de cooperación. Otorgarles protección jurídica deja de ser una excentricidad filosófica y se convierte en un acto de justicia lógica.
Por supuesto, reconocer a la naturaleza como un ente con derechos plantea interrogantes prácticos complejos. En los modelos canadienses más avanzados, la tutela recae en comités mixtos conformados por líderes indígenas, biólogos y representantes locales, quienes actúan como “defensores legales” del ecosistema.

No se trata de prohibir por completo cualquier interacción humana con el bosque, sino de pasar de un modelo de extracción a uno de reciprocidad y conservación equilibrada. Al final del día, la experiencia de Canadá de otorgar derechos a los árboles invita a reflexionar sobre nuestro propio papel en el planeta. Es quizás el paso más sensato que podemos dar como especie para asegurar que el pulmón verde del mundo siga respirando para las generaciones venideras.
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