Lucha contra la censura

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Por Gorka Landaburu

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Captura de pantalla 2016-06-06 a la(s) 16.27.52a censura es el poder que ejerce el Estado para prohibir la difusión de una noticia, un libro, una película o algún documento, a través del cual se puede atentar contra la estabilidad del Estado, su subsistencia e incluso directamente contra su existencia. Durante todo el franquismo la prensa atravesó dos etapas perfectamente definidas. La primera, desde 1938 hasta 1966, en la que la dictadura ejerció un férreo control sobre todos los medios de comunicación y cuando todos publicaban la misma información. Y la segunda, de 1966 a 1977, conocida por la ley Fraga, la Ley de Prensa e Imprenta que dio una cierta libertad a las empresas.

Es al principio de la década de los 70 y pocos años antes de la muerte de Franco cuando nace Cambio16 como revista de Economía y Sociedad, porque no tuvo permiso para hablar de política. En poco tiempo y debido a las turbulencias de un régimen que ya agonizaba, el semanario se convirtió en una revista de información general, un referente intelectual y un símbolo de cambio y de libertad.

El mayor éxito que siempre ha tenido esta revista han sido sus portadas impactantes y su osadía para enfrentarse a la censura que mantenía un control exhaustivo sobre lo que se publicaba. Todas las semanas había que lidiar con los censores del Ministerio de Información y Turismo. Y desde la redacción de Cambio16 se preparaban varias portadas para intentar esquivar las suspensiones o las sanciones que podían recaer sobre la publicación.

Uno de los peores momentos que se vivió fue en 1976 cuando, con motivo del viaje del Rey a Estados Unidos, se preparó una portada con la caricatura de Juan Carlos I bailando al estilo de Fred Astaire, encima de los rascacielos de Nueva York. Este suceso, que fue censurado, casi le cuesta la suspensión a Cambio16 y de no ser por la mediación de la editora del Washington Post, que solicitó al entonces secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, que hablara con el Gobierno español, el asunto habría ido a más.

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Además de las embestidas del entonces Ejecutivo, la revista tuvo que soportar las de sectores de la prensa falangista, así como presiones políticas que con sus denuncias y amenazas intentaron cerrar la publicación dirigida por su fundador Juan Tomás de Salas.

En relación con los últimos fusilamientos de la dictadura, que se produjeron el 27 de septiembre de 1975, se intentó publicar, con la foto de Txiki Paredes (fusilado en Barcelona), un relato de la situación tensa que vivía el país titulando: “Todo lo que Franco nos prohibió”. Una vez más, la revista fue secuestrada y no llegó a los quioscos.

Este año de 1975 fue tormentoso no solamente en lo político sino también en todo lo que concernía a las movilizaciones, la represión y la libertad de prensa. En mayo, Cambio16 fue de nuevo secuestrada por denunciar la persecución a la que se vieron sometidos los opositores al régimen. En el Ministerio de Información y Turismo no se aceptó la portada que representaba a la sota de bastos con el título “Palos a la oposición”. La portada en negro con letras blancas sobre la agonía y la muerte de Franco también fue secuestrada y enviada a la papelera. El número 200 de esta publicación, de finales del 1975, estuvo dedicada a “Juan Carlos y abre España”. Y nuevamente fue retirada aunque finalmente permitida excluyendo una entrevista al entonces presidente de Argelia, Houari Boumédiène, que mostraba su ira por los acontecimientos en el Sáhara. Era la primera vez que se prohibía una conversación con un jefe de Estado. Esta misma entrevista fue reproducida por The New York Times. El periodista francés Alain Peloux, de la agencia France Presse, comunicó al Rey el atropello que se había cometido. Juan Carlos I mostró su sorpresa y su enfado al conocer la noticia por boca del informador galo.

Esta presión constante del ministerio y de las autoridades estuvo a punto de quebrar la revista que, sin embargo, resistió contra un régimen que no aceptaba la apertura y los cambios que se avecinaban.

Captura de pantalla 2016-06-06 a la(s) 16.28.15Unos meses antes, en marzo de 1975, el Consejo de Ministros decretó la suspensión de Cambio16 por un periodo de tres semanas. El motivo de este castigo no fue otro que el intento de publicar un reportaje y un artículo de opinión de Luis González Seara, recientemente fallecido, fundador y presidente de la revista, sobre una comida política que se desarrolló en un restaurante de San Sebastián y que se tituló “Vascos y trece”. A ese almuerzo asistieron trece personas representativas de todo el abanico político y que constituían la oposición al franquismo.

Son numerosas las anécdotas y los malabarismos que desde la redacción del semanario se ingeniaban todas las semanas para evitar que la espada de Damocles de la censura cayera sobre la revista.

Un testigo privilegiado

Cambio16 supo resistir a estos envites y a las persecuciones. Fue testigo privilegiado de la caída de todo un régimen y de una apasionante Transición que permitió llegar a la democracia. Además de un referente por su compromiso con la libertad, la publicación se transformó en una auténtica escuela de periodismo. Por el entonces semanario pasaron los más ilustres profesionales, que posteriormente han hecho su carrera en otros medios de comunicación.

Como otros medios, la revista también aportó su granito de arena para apuntalar la democracia. La libertad de expresión es unos de los pilares del sistema democrático. Sin ella, no sería posible ni la crítica ni la denuncia. Sin embargo, es imprescindible mantenerse vigilante y en alerta porque, a menudo, desde los poderes públicos se sigue intentando traspasar esa línea frágil que tiene la  libertad.

Los medios de comunicación deben seguir siendo los guardianes de la libertad de expresión. Su independencia es fundamental para salvaguardar lo conquistado a duras penas. En este nuevo mundo vertiginoso y globalizado en el que priman los intereses individuales es primordial no bajar la guardia y no sucumbir a las presiones del poder, sean políticos o económicos. Lo apuntaba hace ya tiempo el escritor y filósofo Jean  Jacques Rousseau, cuando afirmaba: “Prefiero la libertad con peligro que la paz con esclavitud”.

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