Testimonios de pacientes que, tras iniciar la medicación con semaglutida y fármacos análogos, aseguran experimentar una alteración en su esfera emocional, una especie de apatía generalizada
A la vuelta del boom de los fármacos agonistas del receptor GLP-1, como el Ozempic, empleados para tratar la diabetes tipo 2 -al mejorar el azúcar en la sangre y reducir el riesgo de problemas cardíacos- y, disminuir sustancialmente de peso, se está observando un efecto secundario , tal vez inesperado, que coloquialmente se denomina ‘personalidad Ozempic’ y está generando preocupación.
Después de conceptos virales como la ‘cara Ozempic’ (Ozempic face) o ‘cuerpo Ozempic’ (Ozempic butt) —términos informales que describen la pérdida de peso físico rápida y drástica derivada de este tratamiento, los medios y las redes sociales han acuñado una nueva categoría tan esquiva como perturbadora: la ‘personalidad Ozempic’.
Lejos de referirse a una transformación física, este concepto agrupa los testimonios de pacientes que, tras iniciar la medicación con semaglutida y fármacos análogos, aseguran experimentar una alteración en sus emociones.
Usuarios en plataformas como TikTok o Reddit, así como reportajes en cabeceras internacionales describieron una especie de apatía generalizada. Un tono afectivo plano y, sobre todo, la aparición de anhedonia : la incapacidad de disfrutar o interesarse por actividades que antes resultaban muy gratificantes.

Mas allá del ruido digital, es necesario mirar hacia la neurobiología. Los fármacos como Ozempic o Wegovy imitan la acción de la hormona intestinal GLP-1, diseñados inicialmente para regular la glucosa en sangre y estimular la producción de insulina, reseña El País. Sin embargo, los receptores de GLP-1 no se encuentran solo en el páncreas o el estómago. El cerebro humano —específicamente en áreas clave para la regulación de las emociones, la memoria y el sistema de recompensa como el hipotálamo y la corteza prefrontal— está repleto de ellos.
Testimonios de ‘personalidad Ozempic’
Al silenciar las señales de hambre y saciedad a nivel cerebral, estos medicamentos consiguen apagar el impulso voraz hacia la comida. Pero aquí radica la paradoja: en el cerebro humano, los circuitos que procesan el apetito por la comida se solapan estrechamente con los que gestionan el placer de la vida. Como han señalado diversos endocrinólogos y especialistas, la comida es una de las fuentes hedónicas más inmediatas y accesibles del ser humano.
Cuando el fármaco desactiva ese canal de gratificación instantánea, no solo aplaca el deseo por los ultraprocesados o los atracones; en muchos casos, señala el artículo, parece atenuar también la chispa del entusiasmo general. Provocando que los pacientes se sientan emocionalmente descafeinados o en un perpetuo ‘meh’ existencial.

El endocrinólogo canadiense Daniel Drucker, pionero en la investigación de las hormonas GLP-1 señaló que todavía no existe evidencia científica suficiente para explicar con precisión este efecto o definir a qué personas podría afectar.
La experiencia personal de la llamada ‘personalidad Ozempic’ es la periodista Katie Glass quien relató en primera persona cómo la apatía se extendía mucho más allá de la mesa. “¿El sol? Me daba igual. Los atardeceres se volvieron indiferentes. Incluso admirar mi cuerpo recién delgado en el espejo resultaba un poco aburrido. Me arrebató mi habitual optimismo”, confesó. Y, aunque logró adelgazar en cuestión de meses, el peaje colateral afectó de lleno a su tejido afectivo.
En la misma línea, Summer Kessel, nutricionista que trabaja con Nadolsky comenta “es como sentirse ‘meh’. Pierdes un poco la chispa de la vida. No sientes emoción por nada. Te despojas del entusiasmo que da comer saludable, ir al gimnasio o disfrutar de las actividades que amas”.
Complejidades tras una pérdida de peso radical
Otro de los vectores que alimentan el término no médico ‘personalidad Ozempic’ es de naturaleza profundamente social. Varios testimonios coinciden en señalar el desgaste psicológico que supone acudir a eventos donde el centro de gravedad es gastronómico, lo que empuja a muchos usuarios al aislamiento paulatino.
Sin embargo, la comunidad médica insiste en matizar el fenómeno. Hasta la fecha, los organismos reguladores y los grandes ensayos clínicos no reconocen las alteraciones de la personalidad ni la depresión clínica como efectos secundarios directos y causales de los agonistas de GLP-1. De hecho, revisiones científicas descartan vínculos directos con ideas autolesivas, defendiendo la enorme seguridad y eficacia de estos fármacos en el control metabólico y del riesgo cardiovascular.

Gran parte de lo que se etiqueta como ‘personalidad Ozempic’ responde, según los expertos, a la complejidad de transitar una pérdida de peso radical en un tiempo récord. Adaptarse a una nueva imagen corporal, lidiar con las alteraciones metabólicas y modificar hábitos arraigados durante años genera un estrés psicológico considerable que puede manifestarse en forma de ansiedad pasajera o fatiga mental.
Un estudio publicado en The Lancet, que analizó a unas 95.000 personas con diabetes u obesidad, concluyó que el uso de semaglutida —el principio activo de Ozempic y Wegovy— se asociaba con un menor riesgo de empeoramiento de depresión, ansiedad. Incluso trastornos por consumo de sustancias y autolesiones. Los autores recalcan que se trata de una tensión y no de una relación causal directa.
Sin evidencia científica
Una investigación difundida en el BMJ examina los datos del sistema de salud de veteranos en Estados Unidos con una muestra de cerca de 606.000 pacientes. Los análisis que los fármacos GLP-1 guardaban relación con una reducción en las muertes por consumo de sustancias, episodios de sobredosis y hospitalizaciones asociadas.
Sin embargo, a medida que la prescripción de estos medicamentos se masifica, en los márgenes de las grandes estadísticas comienza a florecer un espectro de experiencias más sutiles. Los especialistas recuerdan que los cuadros de anhedonia no son ni mucho menos un efecto secundario universal. No obstante, reseña La Nación, su recurrencia en las consultas y en el debate público es lo suficientemente constante como para merecer una mirada clínica.

Liz Skrbkova, quien encabeza el equipo de prensa de Novo Nordisk en Estados Unidos, afirmó que la seguridad es la máxima prioridad de la compañía. El medicamento, explicó, fue estudiado en más de 54.000 participantes y “la anhedonia no figura actualmente como una reacción adversa ni como una advertencia”.
Desde Eli Lilly expresaron una posición similar sobre su compromiso con la seguridad y recomendaron a quienes experimenten efectos secundarios que lo consulten con su médico o se contacten con la empresa. Aun así, asentaron que “no contamos con datos para compartir sobre la anhedonia”.
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