Mata do Bussaco ha sido sometido a un riguroso análisis científico que valida los beneficios físicos y psicológicos que la naturaleza ejerce sobre el ser humano
Entre las brumas de la historia y el murmullo perenne de los árboles centenarios, Mata do Bussaco (o bosque de Bussaco) se erige como uno de los tesoros botánicos y espirituales más fascinantes de Portugal. Ubicado en el municipio de Mealhada, enclavado en una pequeña cadena montañosa en la región central del país, este santuario verde acaba de trascender su ya legendaria reputación mística y paisajística para convertirse en un pionero de la salud contemporánea: ha sido certificado como el primer bosque terapéutico de la península ibérica.
Antiguo refugio de los Carmelitas Descalzos, quienes construyeron allí un convento a principios del siglo XVII, este espacio fue concebido desde sus orígenes como un remanso de aislamiento y contemplación. Los carmelitas no solo protegieron la frondosidad natural, sino que la enriquecieron sembrando especies exóticas traídas de sus misiones ultramarinas, creando un contraste único con la vegetación autóctona portuguesa. El resultado es un tapiz vegetal donde conviven majestuosos cedros de Bussaco —que hoy dominan el paisaje con sus copas catedralicias—, secuoyas, abetos, helechos arborescentes y una densa red de fuentes y capillas de piedra revestidas de musgo.
El reciente sello de «bosque terapéutico» otorgado por el Gabinete Internacional de Certificación de Bosques Terapéuticos, vinculada a la Sociedad Internacional de Terapia de Bosque (ISFT, por sus siglas en inglés) a este rico paraíso en Portugal, no es una etiqueta comercial. Es el resultado de un riguroso análisis científico que valida los beneficios físicos y psicológicos que la naturaleza ejerce sobre el ser humano.

Un bosque terapéutico en Portugal
Este concepto, emparentado con el Shinrin-yoku (baños de bosque) originario de Japón, se encuentra en Bussaco un escenario inmejorable. El dosel arbóreo denso filtra la luz de manera hipnótica, creando juegos de sombras que reducen de inmediato el ritmo cardíaco. Mientras que los compuestos orgánicos volátiles emitidos por los árboles —los fitoncidas— fortalecen el sistema inmunológico y disminuyen los niveles de cortisol, la hormona del estrés, entre otras bondades.
La ISFT define un catálogo de criterios que deben cumplir los bosques terapéuticos. Un bosque terapéutico, como el Bussaco en Portugal, necesita, entre otras cosas, senderos adaptados y espacios para intervenciones y tratamientos; suficiente protección contra el ruido y el viento. La terapia forestal se utiliza según indicaciones médico-terapéuticas en el ámbito de las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, psicosomáticas, ortopédicas o neurológicas. Es adecuada para influir positivamente en las limitaciones de los pacientes causadas por la enfermedad y aliviar el sufrimiento (cuidados paliativos).

Según sus responsables en Portugal, este bosque terapéutico, posee “una de las mejores” colecciones dendrológicas de Europa, con cerca de 250 especies de árboles y arbustos, incluida “la mayor concentración de adernos del mundo” en sus más de 100 hectáreas de una biodiversidad apabullante. Acoge también ejemplares de secuoyas, pinos, robles y eucaliptos, mientras que su fauna comprende más de 150 especies de vertebrados, como herrerillos, pájaros carpinteros, aves de rapiña, zorros, salamandras y tritones.
Detrás de este reconocimiento se encuentra el aval del Gabinete Internacional, una entidad que certifica aquellas áreas forestales capaces de contribuir al tratamiento de enfermedades y la mitigación de discapacidades derivadas de ellas. Tal como explicó a la agencia EFE, el presidente de la Fundación Mata do Bussaco, Gonçalo Breda Marques, los estudios científicos realizados en el lugar confirman sus efectos para combatir el estrés y facilitar la relajación profunda.
Un refugio de salud y bienestar
La Fundación ha diseñado un itinerario especializado de aproximadamente dos kilómetros, trazado cuidadosamente para evitar pendientes pronunciadas y dotado de espacios estratégicos para el descanso. Este recorrido se realiza bajo la tutela de un guía certificado que ayuda a los visitantes a despertar su sensibilidad hacia el entorno.
Se trata, en definitiva, de una experiencia concebida para romper con la inercia de un mundo hiperacelerado, permitiendo a los ciudadanos bajar el ritmo. Reconectar con lo esencial y encontrar en la naturaleza un refugio de salud y bienestar. Pasear por sus senderos laberínticos, flanqueados por murales de piedra y puertas monumentales construidas para preservar el silencio monástico. Es una vivencia gratificante.

A cada paso, el aire huele a humedad noble, a tierra fértil y a resina antigua. El sonido del agua fluye por intrincados acueductos y fuentes con nombres tan evocadores como la Fuente Fría. Actúa como un bálsamo acústico que silencia el ruido mental de la vida moderna.
En la cúspide de este anfiteatro verde se alza el imponente Palacio de Bussaco. Una obra maestra de estilo neomanuelino que antiguamente sirvió como pabellón de caza de la familia real portuguesa y que hoy funciona como hotel de lujo. Su arquitectura de piedra caliza esculpida con motivos marinos y azulejos tradicionales dialoga de forma simbiótica con el bosque circundante. Cerrando el círculo entre la intervención humana más refinada y el poder salvaje de la naturaleza.
En medio de toda esta diversidad, se encuentran el Palace Hotel de Bussaco y el Convento de Santa Cruz, la única Via Sacra de Jerusalén en escala, ermitas y capillas, la cerca, cruceros, fuentes y miradores, que componen un escenario mágico. En este momento, el Bosque Nacional de Bussaco compite en la clasificación de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO.

Lograr el equilibrio y sanación
El bosque de Bussaco no solo es el primer bosque terapéutico de la península, sino también el cuarto reconocido en el mundo por la ISFT. Los otros tres están en Alemania y Austria. En Alemania se les conoce principalmente como Kurwald (bosque de cura o curativo) y Heilwald (bosque terapéutico o medicinal). Un claro ejemplo pionero es el Kur- und Heilwald de Heringsdorf, en la isla de Usedom. Y en Austria se encuentra el espectacular Heilwald Göttweig.
“Es un gran orgullo saber que estamos en esta posición. Pero también implica una gran responsabilidad en el cuidado que tendremos que brindar al bosque para mantener su carácter virgen y evitar la sobrepoblación”, explicó Breda Marques. La certificación al Mata do Bussaco invita a repensar la relación con el entorno natural. Ya no se trata únicamente de un monumento histórico o de un parque para visitar los fines de semana. Es una infraestructura verde de salud pública. El abrazo silencioso de los gigantes de madera que han resistido el paso de los siglos
Por el momento no lo ve como un problema. Pero en estas primeras semanas de agosto el Bosque de Bussaco ya ha recibido un mayor número de visitantes en comparación con agostos anteriores. Algo que se atribuye al reconocimiento con esta denominación y a una nueva tendencia que consideran sostenible.
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