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El país más joven del mundo vive una hambruna brutal

Por Andrés Tovar
28/02/2017

Sólo este año, más de 31.000 refugiados de Sudan del Sur – más del 80% de ellos mujeres y niños – han salido luego de esconderse en las zonas pantanosas del país y han huido a Sudán para evitar el hambre, la violencia y el conflicto.

Los números son drásticamente más altos que cualquier predicción de Naciones Unidas, según informó hoy la agencia de refugiados de la ONU. “Las expectativas iniciales eran que 60.000 refugiados pueden llegar hasta 2017, pero en los dos primeros meses, más de 31.000 refugiados llegaron”, precisó un comunicado de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Jartum.

Más de tres años después de que estalló el conflicto en la capital de Sudán del Sur, Juba, alrededor de un millón de personas están al borde de una hambruna, número que se multiplica hoy en día. Se proyecta que 5,5 millones de personas de la nación más joven del mundo no tendrán acceso a los alimentos antes de julio, según las últimas declaraciones de Naciones Unidas la pasada semana.

La guerra civil en Sudán comenzó en 2013, cuando la rivalidad entre fuerzas leales al presidente de ese país, Salva Kiir, y los aliados al vicepresidente Riek Machar, provocaron el resurgimiento de la violencia. El 9 de julio de 2016 Sudán del Sur cumplió cinco años de independencia en medio de ataques violentos que dejó numerosas víctimas civiles tanto en Juba (capital), como en Wau y Bentiu. incitando al mayor éxodo en masa de cualquier conflicto en África central desde el genocidio de Ruanda en 1994.

 

Unos 3,4 millones de sudaneses han sido desarraigados, según la ONU. Con sus medios de vida destruidos, estos refugiados-desplazados no han podido cultivar o tener ganado sin la amenaza de los asaltantes armados. Para empeorar las cosas, las grandes inundaciones ha empeorado el saneamiento y ha aumentado la exposición de los niños desnutridos a enfermedades como el cólera. Los grupos de ayuda que trabajan en Bentiu, capital del estado de Unity, dicen que los niños mueren cada día a causa de la desnutrición severa y otras enfermedades.

Durante el caos, un sinnúmero de recursos humanitarios han sido saqueados. En Equatoria central, a los cooperantes se les niega el acceso a lugares clave fuera de la ciudad de Lainya, donde decenas de miles de personas que necesitan no han recibido la ayuda que le fue enviada hace meses. Y según lo declarado este martes por Eugene Owusu, representante de la  ONU, 28 trabajadores humanitarios tuvieron que abandonar el condado Mayendit este fin de semana pasado, siendo éste el último de una serie de acontecimientos que han dificultado las operaciones de socorro y poner en peligro a civiles.

Los trabajadores humanitarios advierten que ya es demasiado tarde para muchos, pero la declaración de hambruna hecha el 20 de febrero ha ejercido presión sobre las agencias de ayuda internacional para aumentar sus esfuerzos. Cabe destacar que es en este contexto cuando el presidente de EEUU, Donald Trump, ha propuesto recortes significativos en la financiación de la ayuda exterior.

El conflicto

Muchos justifican las raíces del conflicto en Sudán del Sur por razones “étnicas”, pero otros analistas sostienen que se debe a causas políticas y económicas enmarcadas en la rivalidad entre Salva Kiir y Riek Machar durante décadas.

Cuando el país logró su independencia en 2011 (apoyada por Washington) las facciones rebeldes acordaron repartir el poder en esa nación. Así, nombraron como presidente a Kiir y Machar asumió el cargo de vicepresidente.

Sin embargo, el 15 de diciembre de 2013 ocurrieron violentos enfrentamientos en los tres estados petroleros de esa nación: Alto Nilo, Unidad y Jonglei. Kirr llamó a la rebelión armada porque supuestamente Machar planificaba un golpe de Estado.

 

Cabe destacar que Sudán del Sur aporta el 85 por ciento de todo el petróleo y en gran medida proviene de los estados fronterizos de Bentiu y Alto Nilo, así como de Jonglei. Ocupa el tercer lugar en África en términos de reservas de esta materia prima, algo que convierte a Sudán del Sur en un punto de fricción de los intereses geopolíticos.  También es un país rico en yacimientos de hierro, cobre, cromo, zinc, volframio, mica, oro, plata y diamantes.

El sufrimiento

Desde el resurgimiento de los combates ya suman cuatro días sin reparto de agua, en los mercados no hay alimentos, los soldados saquean a los civiles. Medios de ese país aseguran que varias mujeres intentaron entrar a uno de los pocos hoteles que tiene piscina (en Juba) para llenar sus botellas de agua.

Datos de Oxfam destacan que un 87 por ciento de la población no tiene acceso a los sistemas de saneamiento y solo un 47 por ciento puede tener agua potable. Más de 686 niños menores de cinco años padecen desnutrición y una de cada tres personas se encuentra en situación inseguridad alimentaria.

Según el informe presentado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en marzo de 2016, la escala de la violencia sexual es aterradora en Sudán del Sur. De abril a septiembre de 2015, la ONU registró más de 1.300 casos de violación en uno de los 10 estados de ese país.

Desde 2013, la partes en el conflicto han llevado a cabo “ataques contra civiles, violaciones y otros delitos de violencia sexual, detención arbitraria, secuestro y privación de libertad, desapariciones forzadas y ataques contra el personal de las Naciones Unidas“, refiere el informe.

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