España se consolida como referente mundial de la protección animal con la aprobación de la histórica Ley Jane Goodall, una normativa pionera que otorga derechos fundamentales a los grandes simios y erradica su uso en laboratorios y espectáculos
La aprobación de la histórica Ley Jane Goodall marca un antes y un después en la relación entre las personas y los animales. El pasado 19 de mayo, el país ratificó una normativa pionera a nivel mundial que otorga derechos fundamentales a los grandes simios y prohíbe su uso en laboratorios y espectáculos.
El Ministerio de Derechos Sociales impulsó el texto legal de manera prioritaria desde octubre de 2025. La iniciativa responde al clamor de la sociedad civil y rinde homenaje a la célebre primatóloga británica. El proyecto consagra el respeto a la biodiversidad como un principio rector indiscutible.
La movilización ciudadana resultó fundamental para la reactivación del proceso que estuvo estancado. De hecho, más de 74.000 personas firmaron la petición del Proyecto Gran Simio y Salva la Selva. Esta presión social obligó a las autoridades a organizar reuniones con las asociaciones pertinentes.

La normativa otorga un estatus de protección especial a los chimpancés, gorilas, orangutanes y bonobos. En consecuencia, la ley reconoce derechos básicos como la vida, la libertad y la dignidad intrínseca. El texto legal erradica cualquier trato degradante hacia estos seres con una alta conciencia de sí mismos.
La nueva legislación sitúa a la nación a la vanguardia internacional de la ética animal. Además, el avance demuestra que el desarrollo cultural de una sociedad próspera no requiere el sufrimiento de otras especies. España establece así un precedente que aspira a inspirar reformas similares en todo el mundo.
Fin del uso de simios en laboratorios y espectáculos
La ley prohíbe de manera terminante e inmediata la investigación científica y biomédica con los grandes primates. La restricción se aplica con total independencia de si el fin de los experimentos es médico o cosmético. Por lo tanto, ningún laboratorio del territorio nacional podrá utilizarlos en sus proyectos.
El sector científico y biomédico asume un cambio radical debido a la clausura de estas líneas de investigación. Las instituciones tienen la obligación de sustituir estos modelos por cultivos celulares, organoides o eficientes simulaciones informáticas. Asimismo, el Estado retirará la financiación pública a los centros que incumplan la reconversión.

Por otro lado, la normativa veta por completo el uso de los simios en espectáculos comerciales. Queda prohibida su participación en rodajes de publicidad, producciones de cine o cualquier evento de variedades. La medida busca eliminar la cosificación de unos animales con complejas capacidades emocionales y sociales.
El régimen de sanciones económicas es severo para garantizar el cumplimiento estricto de las nuevas directrices. Las infracciones leves por descuidos menores en el censo conllevan multas de hasta 10.000 euros. Sin embargo, las multas por uso no autorizado en publicidad alcanzan los 50.000 euros.
Finalmente, las prácticas de experimentación o el maltrato físico constituyen infracciones clasificadas como muy graves. Los responsables de estas acciones afrontarán multas que oscilan entre 50.001 y 600.000 euros. Este castigo financiero refleja la gravedad con la que la justicia ampara ahora a los primates.
El camino hacia la libertad en los nuevos santuarios
El texto legal no solo regula el porvenir, sino que planifica la transición para los ejemplares cautivos. Actualmente, cerca de 140 grandes simios viven en España en condiciones que a menudo resultan inadecuadas. Por eso, la ley define una hoja de ruta clara para su reubicación.
En primer lugar, los propietarios disponen de un plazo obligatorio de seis meses para censar a los animales. Después, la normativa otorga un periodo de dos a tres años para el traslado definitivo de los simios. Esta medida afecta a los ejemplares de circos, zoológicos comerciales y particulares.

Los primates procedentes de laboratorios y espectáculos irán exclusivamente a santuarios y centros de rescate autorizados. Estas instalaciones especiales ofrecen programas de jubilación digna y una necesaria rehabilitación psicológica. El propósito fundamental es que los animales sanen del estrés acumulado durante años.
Centros de referencia como la Fundación MONA en Girona recibirán a los chimpancés del mascotismo. Igualmente, las instalaciones de alta seguridad de AAP Primadomus en Alicante acogerán a los grandes primates. El gobierno habilitará partidas presupuestarias específicas para ampliar estos refugios y financiar la manutención.
Con el fin de asegurar que no nazcan más individuos privados de libertad, se prohíbe la reproducción. La cría en cautividad queda vetada por completo dentro de este nuevo esquema legal. El confinamiento de estas especies con fines lucrativos llegará a su término definitivo en el país.
La metamorfosis obligatoria de los zoológicos tradicionales
Los parques zoológicos comerciales deben transformar su modelo de negocio de una manera profunda y drástica. La exhibición de los grandes simios como mero entretenimiento para el público general queda prohibida. En otras palabras, la recaudación de dinero mediante la exposición recreativa ya no es lícita.

Los centros solo conservarán a los simios si cooperan de forma estricta en programas internacionales. Estos proyectos deben enfocarse de manera exclusiva en la conservación real y la protección de las especies. Los parques tienen que justificar la estancia de los animales bajo criterios científicos.
Además, los zoológicos deben ampliar y enriquecer los espacios actuales con urgencia. El objetivo de este requisito es la garantía del bienestar psicológico de cada uno de los individuos. Los entornos requerirán una adecuación óptima que imite las condiciones del hábitat natural silvestre.
Los espectáculos de trucos y las fotografías con visitantes quedan eliminados del catálogo de actividades. Tampoco se permitirán las interacciones directas entre las personas y los animales en cautiverio. La ley suprime cualquier interacción que vulnere el respeto que merecen nuestros parientes biológicos.
Sin duda, las condiciones de custodia a partir de ahora serán supervisadas con el máximo rigor. Cualquier gran simio que ingrese al país tendrá como destino único un centro de rescate especializado. Los zoológicos convencionales pierden así la facultad de incrementar sus colecciones de forma arbitraria.
Un espejo global para el cambio
La promulgación de la ley en España se alinea con una tendencia ética internacional visible. Por ejemplo, la Unión Europea ya restringe en la práctica el uso de simios en experimentos. Asimismo, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos vetaron la investigación con chimpancés.
Otros países como el Reino Unido, Nueva Zelanda, Austria y los Países Bajos aplican normas estrictas. En América, Brasil y Colombia prohibieron el testeo de cosméticos en cualquier tipo de animal. De igual modo, Canadá amplió las restricciones sobre el cautiverio de simios y elefantes.

No obstante, la perspectiva de las organizaciones ecologistas recuerda que el desafío se extiende más allá. Los grandes simios necesitan una protección que incluya la preservación de sus hábitats de origen. Es decir, resulta indispensable defender las selvas tropicales de la deforestación y la actividad humana.
Por esta razón, la Ley Jane Goodall funciona como una valiosa declaración de principios morales. El éxito de la normativa demuestra que la empatía y la ciencia construyen un mundo justo. La inteligencia y la capacidad de sentir son ahora la base fundamental del amparo jurídico.
Este cambio cultural reitera que los animales con mentes complejas poseen un valor propio intrínseco. Su estatus legal evoluciona desde la condición de objetos hacia el reconocimiento de su subjetividad. España consolida de este modo un modelo de respeto que devuelve la dignidad a los simios.





