A partir del 1 de diciembre de 2028 y como parte de la Ley de Bienestar Animal, Francia finaliza o elimina el proceso de aprehensión y trabajo forzoso de estos animales por parte de compañías circenses en el país
Francia ha dicho basta al uso de animales salvajes en circos itinerantes. Una decisión que se suma a la de más de veinte países europeos que ya han puesto punto final a esa práctica centenaria. La legislación gala prohíbe la tenencia, el transporte y la exposición de especies salvajes para espectáculos, buscando garantizar su protección, reinserción a espacios naturales y trato respetuoso.
Detrás de las grandes ovaciones que reciben elefantes, leones o tigres por pararse en diminutos taburetes, dar saltos, hacer piruetas entre fuegos, resbalar por toboganes, hay un componente de estrés y, a veces, de maltrato por parte de los domadores. En esos espectáculos que dejan a los asistentes maravillados, los animales han sido entrenados para realizar comportamientos antinaturales y peligrosos; diseñados para exhibir el dominio humano sobre esa fauna salvaje.

A partir del 1 de diciembre de 2028 y como parte de la Ley de Bienestar Animal aprobada en 2021, el gobierno francés finaliza o elimina el proceso de aprehensión y trabajo forzoso de estos animales por parte de compañías circenses en el país. Ese instrumento, a diferencia de otras legislaciones europeas, establece amplios plazos, diálogos y fondos del gobierno para ayudar a los circos a reconvertir sus espectáculos.
Francia es líder en el mundo en cuanto al número de compañías circenses, con un marcado predominio del llamado ‘circo contemporáneo’, que incluye danza y expresión teatral. En el país están registrados más de 700 empresas de circo. Otras fuentes estiman que el número total ronda entre las 450 y las 550, cifra que ha aumentado notablemente en las últimas dos décadas. El sector emplea a aproximadamente 15.000 artistas y técnicos.
Fin a una era de circos con animales en Francia
La Ley de Bienestar Animal, desde el 1 de diciembre de 2023, ya prohibió para los circos itinerantes adquirir o reproducir nuevos ejemplares de animales salvajes. En sus artículos se estipula que, durante el período de transición, los propietarios deben reubicar a los animales en «centros adecuados» o santuarios que garanticen su bienestar.
Para ello, el ejecutivo francés ha asignado un aporte financiero de más de 8 millones de euros para ayudar a los circos a adaptar sus instalaciones y financiar la reubicación de los animales. A la fecha, se están implementando planes para garantizar que los leones, tigres, osos, monos, elefantes y otros animales salvajes sean trasladados a refugios o espacios adaptados a sus necesidades físicas y de comportamiento.

La prohibición se aplica a los circos itinerantes, no necesariamente a las instalaciones fijas -como zoológicos o parques nacionales- que están sujetas a otras regulaciones. Mientras el acatamiento de la ley se hace efectiva por la mayoría de esas compañías, aún quedan 61 empresas que utilizan animales salvajes en sus espectáculos, reseña TF1Info. Muchas admiten que todavía no saben qué hacer para mantenerse dentro de los límites de la legalidad antes de diciembre de 2028.
Serge Muller, director del circo franco-belga, una compañía que lleva 150 años viajando con sus animales, cree que sería peligroso liberarlos después de que hayan pasado toda su vida en cautiverio. Comentó al citado medio que quiere mantenerlos en su propiedad de 10 hectáreas. Pero no todos tendrán un plan B así.
La transición está en curso. Y las autoridades están impulsando la aplicabilidad de la ley de forma consensuada, de tal manera –como indica el ministerio Ecológico- que las compañías asuman su responsabilidad en forma armoniosa y en beneficio de los animales.
Sufrimientos, soledades, maltratos
Este mundo circense de animales salvajes no solo está desapareciendo en Francia, también en muchos países de Europa y el mundo. Recordemos el caso de Dumba, una elefanta estrella de 40 años, que entregó su vida –en contra de su voluntad- a una compañía de este tipo de espectáculos. Estuvo en un camión y en otros espacios reducidos para su voluminoso tamaño. Recorrió España, grandes ciudades del viejo continente y lugares lejanos, prodigando admiración y reconocimiento, mientras cargaba su tristeza y maltratos.
Tras su muerte, en Alemania 2022, se conoció un informe veterinario que indicaba que Dumba sufría de dolor y atrofia muscular en sus patas. Producto de una vida de inmovilidad forzada y explotación. Este caso y el de tantos animales anónimos que sufren y mueren a solas, ha sacudido la consciencia social que repudia estos hechos.

La decisión de Francia no implica el cese de los circos, sino de la incorporación de animales en sus funciones. Esta medidatransforma profundamente el mundo del espectáculo itinerante y responde a una sensibilidad social creciente frente al sufrimiento animal. La ley además prevé el fin progresivo de las funciones con delfines y orcas, impidiendo la cría y la importación de estos animales para fines de entretenimiento.
A esta medida trascendente para el cuidado, respeto y protección animal se han anticipado unos veinte países en Europa. Entre ellos, Austria, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia y España. Así como Finlandia, Grecia, Hungría, Italia, Luxemburgo, Malta, Noruega. Y Países Bajos, Polonia, Portugal, el Reino Unido, República Checa, Rumania, Suecia.
Incluyendo a Europa son más de 50 los más países en el mundo que tienen prohibida o limitada esa actividad. Una tendencia creciente basada en informes científicos sobre el bienestar animal y la seguridad.
Los municipios en España dictaron la pauta
España aprobó en marzo de 2024 la Ley de Bienestar Animal. El texto prohíbe el uso de animales silvestres en todo el territorio nacional, cerrando un proceso de años impulsado por mociones locales. Antes de la legislación, surgió un movimiento que repudiaba esos espectáculos. Más de 400 municipios españoles se habían declarado «libres de circos con animales salvajes» representando a más del 80% de la población.
Esta medida puso fin a una práctica que durante décadas fue el eje central de las carpas itinerantes, obligando a leones, tigres, elefantes y primates a abandonar los escenarios para ser realojados en santuarios, reservas o centros de recuperación especializados.

El balance es, en términos generales, de un cumplimiento administrativo exitoso. Impulsado por el hecho de que la mayoría de las comunidades autónomas ya habían legislado de forma similar antes de la normativa estatal. Esta circunstancia facilitó una transición que ya estaba en marcha.
Sin embargo, el proceso no ha estado exento de complicaciones logísticas, especialmente en lo que respeta al destino final de los ejemplares jubilados. El principal desafío ha sido la saturación de los centros de rescate. Han tenido que realizar esfuerzos extraordinarios para absorber a animales con necesidades físicas y psicológicas muy complejas derivadas de una vida en cautiverio y transporte constante.
Mientras algunos empresarios han denunciado la pérdida de identidad del circo tradicional, otros han encontrado en esta ley la motivación necesaria para renovarse a través de la tecnología. Con las proyecciones digitales y el fortalecimiento del talento humano. Logrando así una mayor sintonía con una sensibilidad social que hoy prioriza el bienestar animal.
España se ha consolidado dentro del bloque de países europeos que han desterrado la fauna salvaje del entretenimiento itinerante. Al dar prioridad a la destreza y la creatividad de sus artistas.
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