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Jordi Cuixart admitió este martes en el juicio al procés que volvería a actuar como en el pasado.

Para Cuixart el 1-O fue un acto de “desobediencia civil”

En su comparecencia este martes en el Tribunal Supremo, el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, reivindicó la “desobediencia civil” durante la consulta independentista el 1-O. Admitió que volvería a actuar como en el pasado.

“Ante la disyuntiva de la suspensión del referéndum del Tribunal Constitucional y el ejercicio de derechos fundamentales, que nadie tenga ninguna duda: Òmnium va a ejercer derechos fundamentales como siempre, de manera festiva y pacífica”, afirmó el líder independentista. Y no dudó en calificar el 1-O como “un ejercicio de dignidad colectiva”.

Durante más de tres horas Cuixart respondió al interrogatorio del fiscal Jaime Moreno. Se trata del único apolítico de los doce líderes independentistas encausados en el procés. Durante su comparecencia frecuentemente el presidente del tribunal, Manuel Marchena, lo increpó para invitarlo a no utilizar “interjecciones coloquiales”.

Para Cuixart, “no hay sitio para la violencia”

Cuixart permanece en prisión preventiva desde el 16 de octubre de 2017. Para él la Fiscalía solicita 17 años de prisión por encima de los requeridos para los exconsejeros. A este líder se le considera como uno de los autores intelectuales de la rebelión.

El fiscal Moreno hizo hincapié en varios puntos. Entre ellos, demostrar si Òmnium había concertado con la Generalitat y el Parlament para conseguir la independencia a toda costa. Y si asumió la violencia como un mal menor para conseguir sus propósitos. Cuixart lo negó rotundamente. “No hay sitio para la violencia. Toda mi vida he estado en contra de la violencia. Y las movilizaciones de Òmnium siempre han sido pacíficas y festivas”, reiteró.

El tema sobre la movilización realizada el 20 de septiembre de 2017 ante la Consejería de Economía, donde se ejecutaba un registro por orden judicial, ocupó gran parte del interrogatorio. Cuixart sostuvo que la concentración se realizó de manera “espontánea”. Pero que él mismo asumió la convocatoria “como un ejercicio de responsabilidad”.

Reivindicó que fue una repuesta sin violencia, pero determinante

El presidente de Òmnium recordó que durante el día de los acontecimientos, simultáneamente con el registro en Economía se produjeron otras actuaciones judiciales y policiales contra instituciones, partidos y alcaldes independentistas. La movilización fue, según Cuixart, “una respuesta sin violencia pero con mucha determinación”. El acusado condenó los daños ocasionados a los vehículos de la Guardia Civil, los cuales sustentan gran parte de la acusación. Y los consideró como “un hecho menor”.

Presencia de personas en apoyo a Cuixart: un motivo de discordia

La presencia de personas que acompañaron el ingreso y la salida de Cuixart del edificio fue motivo de disputas. Por un lado, el fiscal consideró que se trataba de “un pasillo estrecho, custodiado por manifestantes, no policial”. “¿Le parece que así podían entrar y salir?”, preguntó. “Yo pasé. Por aquel pasillo pasó una multitud de gente para arriba y para abajo. Se crea para eso”, aseguró el acusado, quien restó importancia a los problemas que alegó la comitiva judicial para entrar y salir del inmueble. Mientras la Fiscalía consideró que se trató de un intento de impedir la actuación judicial, para el acusado fue un ejercicio de “resistencia pacífica”.

El ministerio público quiso escuchar de Cuixart una declaración en la que admitiese que en la concentración ante Economía se vivieron momentos de tensión. En vano el fiscal intentó que el acusado repitiese expresiones como las que pronunció en su declaración en enero de 2018 ante el juez instructor de la causa, Pablo Llarena. Entonces el acusado dijo que la concentración del 20 de septiembre fue “alborotada”. Y que no le agradaron algunas de las cosas que vio. Cuixart renegó de haber pronunciado aquellas palabras.

“Mis declaraciones ante el instructor estaban vinculadas a una voluntad de salir de prisión al precio que fuera. Ahora soy un preso político y mi voluntad ya no es salir de prisión, sino denunciar el ataque que hay en Cataluña”, aseveró.

El interrogatorio cerró con el tema del referéndum del 1-O. Cuixart confesó que se movilizaron para ayudar a la celebración de la consulta, entonces prohibida por el Constitucional. Fue un ejercicio de “desobediencia civil”, afirmó. Puntualizó que asumió su papel como “agente movilizador”. Y aceptó que exhortó a la ciudadanía a “proteger los colegios”. Aunque rechazó que lo hizo a sabiendas de que podrían ocurrir enfrentamientos con la policía.

Cambio16

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