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Por qué ya no queremos una tableta

Por Cambio16

Cuando apareció el iPad tardó menos de un mes en vender un millón de unidades. Era abril de 2010 y en los siguientes años la gente acudió en masa a comprar tabletas, tanto es así que a finales de 2014 había más de 500 millones funcionando en el mundo. Pero desde hace unos meses las ventas están cayendo. Mientras que los smartphones siguen imparables, las tabletas han frenado el ritmo. Se puede achacar a el aumento del tamaño de los móviles, el hecho de que se tarda más en volver a comprar una tableta o a la aparición de los convertibles, esos portátiles que aún no saben si son tabletas con teclado o portátiles que se transforman en tabletas.

Alberto Bellé, analista de la consultora IDC, responsable de las anteriores estimaciones, tiene algunas claves que explican por qué cada vez compramos menos tabletas. “Tienen un ciclo de vida distinto al móvil, que cada dos años o año y medio se renueva. Y la gente lo cambia cuando aún puede utilizar el teléfono anterior, no cuando se rompe”. No ocurre lo mismo con el hermano mayor del smartphone. “Se usa la tableta hasta que se rompe. Y las tabletas duran”, añade el analista.

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No es sólo que éstas aguanten, además se reutilizan. Cuando adquirimos una nueva, la anterior se queda en el hogar, encima de la mesa, tal vez junto al recién adquirido dispositivo. Y la seguimos usando. El hijo hereda la del padre, que aún funciona para consultar internet o curiosear en las redes sociales.

Bellé opina que se ha llegado a un punto de saturación en el que los usuarios no tenemos la necesidad de renovar la tableta. ¿Y el móvil? El marketing hace de las suyas en este terreno. “Con un móvil viejo hay más presión de marketing por cambiar de teléfono”, apunta. El bombardeo de anuncios de nuevos smartphones es constante. Las marcas lanzan más móviles que tabletas y más recursos publicitarios se dedican a los teléfonos. Quizá porque los fabricantes saben que los venderán mejor que las tabletas, pero el empujón publicitario, sin duda, contribuye a acentuar esta tendencia.

El tamaño siempre ha importado

La pantalla del iPad, la primera tableta, medía 9,7 pulgadas y estaba muy alejada de las 3,5 pulgadas del iPhone 4, que salió entonces. Han pasado más de seis años pero en el universo de la electrónica móvil ha transcurrido toda una era. Poco después se lanzaron tabletas de 7 pulgadas, que eran más económicas. Incluso Apple se bajó de las alturas con el iPad mini, de 7,9 pulgadas.

Y, después de que una gran cantidad de marcas apostaran por las tabletas de siete y ocho pulgadas, los móviles empezaron a crecer ominosamente. Pronto las pantallas grandes se habían convertido en una moda con buena acogida y la palabra phablet –engendro entre phone y tablet– aporreaba las puertas de nuestro vocabulario. Estos smartphones, con una pantalla que ronda las seis pulgadas, son en parte culpables de que ya no queramos otros dispositivos más grandes.

“Las tabletas han canibalizado parte de los ordenadores. Y ahora los phablets están canibalizando parte de las tabletas”, indica Bellé. Y es que hay poca diferencia entre un smartphone grande y una tableta pequeña, de siete pulgadas. “Cuando el móvil tiene una pantalla grande la experiencia audiovisual empieza a ser notable. Antes con las pantallas tan pequeñas era complicado, pero ahora un vídeo se puede ver de forma no muy distinta a cómo se ve en una tableta”.

La competencia a las tabletas puede venir de otros dispositivos como los relojes inteligentes. Sobre estas líneas, LG G Watch, 179 euros.
La competencia a las tabletas puede venir de otros dispositivos como los relojes inteligentes. Sobre estas líneas, LG G Watch, 179 euros.

Los lugares de uso

Si nos preguntamos dónde se utiliza una tableta nos daremos cuenta de que, en la mayoría de casos, un móvil con pantalla grande hace el mismo servicio. Estos dispositivos se utilizan fundamentalmente dentro del hogar. Prueba de ello es que los fabricantes comenzaron a vender tabletas con conexión 3G, pero posteriormente se dieron cuenta de que las que sólo ofrecían conexión WiFi se vendían muy bien. La gente no necesitaba meter una tarjeta SIM porque no sacaba de casa el dispositivo.

El sofá y la cama son dos de los entornos donde más se usa una tableta, pero un smartphone con pantalla grande puede servir para tuitear mientras el usuario ve la televisión o para consultar el tiempo del día siguiente antes de dormir. Fuera de casa, el dispositivo se usa en el transporte público, parar leer o ver vídeos. Para lo primero es más competitiva que un teléfono, pero en el aspecto audiovisual no hay tanta diferencia.

La conclusión es que sobran tabletas. “No han evolucionado como otros dispositivos. Llegó un punto en el que los precios eran 199 euros y no había nuevas características”, comenta Ángel Medina, jefe de producto de Toshiba para España y Portugal.

Llegan nuevas modas como los convertibles, esos híbridos entre portátil y tableta con teclado extraíble. La esperada aparición de Windows 10 en 2015 ha contribuido a que los convertibles hayan sido uno de los dispositivos estrella del pasado año.

“Con el aliciente de Windows 10 está empezando a haber un crecimiento hacia los dispositivos dos en uno. El mercado profesional está yendo más lento que el mercado de consumo, pero estamos viendo que se está moviendo esta rueda”, apunta Medina, refiriéndose al segmento empresarial. Pero en el hogar también se notan los cambios. La gente necesita al menos un ordenador en casa porque hay tareas para las que una pantalla táctil no está preparada. Escribir un texto largo en una aplicación de Android o retocar una fotografía son tareas para las que Windows o Mac OS están más preparados. Y los convertibles en estas funciones pueden servir de sustituto a un ordenador.

Si los consumidores hemos relegado a las tabletas, queda claro que el smartphone sigue siendo el dispositivo preferido. “El enemigo del móvil no lo conocemos todavía”, apunta Bellé. “El smartphone es muy fuerte, se renueva y cada vez las baterías son más potentes. Es el dispositivo rey”.

La competencia podría venir de los wearables, Álvaro García, portavoz de Intel Iberia, recuerda que los complementos, los relojes y la ropa se están volviendo inteligentes. Aunque aún ocupan nichos muy concretos. Un reloj es útil con aplicaciones de monitorización de la salud, pero no sirve para ver un vídeo ni es cómodo para hablar por teléfono. “La  informática se está expandiendo a nuestras muñecas y cabezas, potenciando nuestra realidad. Hasta hace poco, la idea de llevar un equipo tecnológico como si fuera una prenda hubiera sido impensable”, apunta García en referencia a los wearables y a algunos prototipos de ropa inteligente. Con todo, parece que seguirá habiendo lugar para un dispositivo con pantalla grande, como un ordenador, especialmente para trabajar, aunque los wearables entren cada vez más en nuestras vidas.

Y no serán los únicos dispositivos. Bellé prevé un futuro plagado de otros gadgets. “En vez de ver menos dispositivos vamos a ver más. Vamos hacia la ropa inteligente, hacia las mesas inteligentes o hacia las etiquetas inteligentes de productos”. El llamado Internet de las cosas está destinado a llenar nuestro día a día de electrónica, desde el hogar a nuestro propio cuerpo, pasando por los coches y hasta las calles.

¿Qué lugar le queda a la tableta? “Va a crecer mucho en el mundo profesional, comercial o del usuario que necesita un dispositivo más ligero”, vaticina Bellé. El consumidor de a pie comprará menos, pero seguirá usándola para consultar cómodamente el correo repantingado en el sofá, dar un repaso a las últimas noticias o jugar al Minecraft.

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