El proyecto Forestami ha plantado en Milán cerca de 640.000 árboles desde 2019 y apunta a 3 millones para 2030 para mejorar el aire contaminado en la ciudad italiana. En la COP17 fue declarada por la ONU como Iniciativa Insignia de Restauración Mundial
Milán enfrenta desde hace años una calidad del aire deficiente. Su ubicación en la llanura del Po, de baja altitud, limita la circulación del viento. A ello se suman el tráfico intenso, la industria y la agricultura. Una clasificación de IQAir de octubre la ubicó entre las diez ciudades más contaminadas del planeta y la única europea de esa lista.
Sin embargo, la metrópoli italiana inicia una transformación profunda. El proyecto Forestami, lanzado en 2019, se propone plantar 3 millones de árboles y arbustos para 2030. Esa cifra equivale a un ejemplar por cada habitante del área metropolitana. El propósito central es filtrar partículas finas, atenuar la isla de calor y devolver naturaleza a espacios degradados.
La iniciativa nace de una investigación del Politécnico de Milán. El arquitecto Stefano Boeri, creador del Bosco Verticale, impulsó el estudio junto a entidades municipales, regionales y académicas. Hoy la Fondazione Forestami coordina el esfuerzo con apoyo público y privado, incluidas firmas como el Grupo Armani y el Grupo Prada. Hasta la fecha se integraron cerca de 640.000 árboles y arbustos en el territorio.

Además, el plan prevé aumentar un 5% la cobertura arbórea y recuperar 255 hectáreas de suelos urbanos deteriorados, una superficie similar a 350 campos de fútbol. Las intervenciones abarcan calles, azoteas, fachadas, antiguas zonas industriales y estacionamientos.
De zona gris a infraestructura verde
La contaminación en Milán no es un problema menor. La cuenca del Po retiene partículas PM10 y PM2.5 durante periodos de estabilidad atmosférica. Por eso, las autoridades y la sociedad civil buscaron soluciones prácticas y de bajo costo. Forestami propone la vegetación urbana como la vía más económica y eficiente para retener polvo fino y regular la temperatura.
Los árboles absorben dióxido de carbono y otros gases durante la fotosíntesis. Al mismo tiempo liberan oxígeno. Las hojas y superficies vegetales retienen parte del material particulado en suspensión. Además, la sombra y la evapotranspiración reducen las temperaturas locales. En 2018, Milán registró 22 días de calor extremo y un aumento notable de noches tropicales.

El proyecto no se limita a parques tradicionales. Incorpora vegetación en calles, plazas, patios escolares, tejados y fachadas. También reconvierte terrenos abandonados, almacenes y aparcamientos. De este modo, se crean conexiones ecológicas que favorecen la biodiversidad entre zonas antes aisladas.
Más de 70 municipios de la Ciudad Metropolitana firmaron el protocolo marco. Del grupo, ya 29, junto con el Parco Nord Milano, alojan intervenciones de plantación. Cooperativas sociales se encargan del mantenimiento de los ejemplares durante los primeros cinco años. Ese cuidado incluye riego, control de malezas y reposición de plantas que no prosperan.
La participación ciudadana refuerza el proceso. Diez mil personas se involucraron de forma activa en actividades de Forestami. Escuelas de distintos niveles desarrollan programas educativos que enseñan el valor de los árboles y la sostenibilidad.
Un árbol por habitante
La meta de 3 millones de ejemplares responde a un cálculo simple y potente. Coincide de manera aproximada con la población del Gran Milán. Por eso el lema “un árbol por cada habitante” resume la ambición demográfica y ambiental del programa. El aumento del 5% en la cobertura de dosel arbóreo busca acercar a la ciudad a los estándares de otras capitales europeas más verdes.
Desde la temporada agrícola 2018-2019 el proyecto Forestami plantó cerca de 640.000 árboles y arbustos. Esa cifra incluye tanto las intervenciones directas como las realizadas por municipios, asociaciones y socios. El informe de 2024 registraba 611.459 ejemplares; los datos posteriores elevan el total a casi 640.000. Quedan por plantar más de 2 millones de unidades antes de 2030.

La selección de especies considera la adaptación al clima local y los servicios ecosistémicos que ofrecen. Arbustos y árboles jóvenes contribuyen de inmediato a la biodiversidad y a la reducción del efecto isla de calor. Con el tiempo, los ejemplares maduros incrementan la captura de carbono y la retención de partículas.
El mantenimiento a largo plazo resulta esencial. Los árboles jóvenes necesitan protección y cuidados durante años antes de generar beneficios plenos. Las cooperativas sociales designadas por el comité técnico garantizan ese seguimiento.
La financiación mixta sostiene el ritmo de trabajo. Aportaciones institucionales se combinan con donaciones de empresas y ciudadanos a través del Fondo Forestami. Esa alianza público-privada permite ampliar el alcance y mantener la continuidad del proyecto.
El sello de la ONU y el contexto global
El 29 de octubre pasado, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad, Forestami recibió el título de World Restoration Flagship. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente destacó el esfuerzo de devolver naturaleza a una de las áreas metropolitanas más densas y contaminadas de Europa. La distinción reconoce ejemplos ambiciosos de restauración a gran escala y a largo plazo.
El proyecto Forestami de descontaminación con siembra de árboles fue el único beneficiario europeo de los cinco proyectos galardonados. Los otros se desarrollan en Colombia, con restauración de humedales; en Estados Unidos, con el programa Green Seattle Partnership; en Etiopía, con la recuperación del Gran Valle del Rift; y en China, con la iniciativa Blue Bay de ecosistemas costeros. El reconocimiento se enmarca en el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030.

Ese mismo día, el PNUMA publicó una evaluación global. Según el informe, 252 millones de hectáreas en 149 países se encuentran en proceso de restauración. Se trata del mayor esfuerzo documentado hasta la fecha.
Sin embargo, la restauración aún no alcanza la escala ni la velocidad necesarias. La financiación anual debería multiplicarse por más de cuatro. Restaurar solo el 15% de las zonas prioritarias podría capturar el 30% de las emisiones de dióxido de carbono generadas desde la revolución industrial y evitar el 60% de las extinciones de especies.
Hacia una nueva estructura urbana
Forestami no se limita a plantar árboles. Busca cambiar la forma en que la sociedad entiende la relación entre ciudad y naturaleza. La Scuola Forestami involucra a estudiantes de todos los niveles. Los programas combinan conocimiento científico con acciones prácticas, como la creación de rincones de biodiversidad en patios escolares.
Ciudadanos, empresas e instituciones construyen juntos una comunidad alrededor del proyecto. La revitalización de barrios y zonas periurbanas mejora la calidad del aire, regula la temperatura y favorece la interacción social. Propiedades situadas en entornos más verdes pueden aumentar su valor hasta un 12%, según estimaciones del propio programa.

Los árboles alrededor de edificios reducen el consumo de energía de los sistemas de climatización hasta un 30%. Ese ahorro energético se suma a los beneficios ambientales y de salud pública. La vegetación urbana se convierte así en infraestructura esencial, no en un elemento decorativo.
El desafío principal consiste en garantizar la supervivencia y el crecimiento de los ejemplares plantados. Solo así se consolidarán los servicios ecosistémicos a largo plazo. El mantenimiento durante cinco años y la participación continua de la ciudadanía resultan claves para ese objetivo.





