Esta industria está comenzando a reescribir las reglas del juego mediante la recogida de calzado usado directamente en las tiendas. La propuesta no solo reduce los residuos, sino que redefine la relación entre marcas y consumidores
¿Y si el zapato que llevas puesto pudiera convertirse en otro nuevo cuando termine su vida útil? La relación del consumidor con el calzado ha estado regida por una línea recta predecible: comprar, usar y desechar. Un final abrupto para un producto de alta complejidad técnica que desaparece del circuito general de reciclaje sin apenas opciones de recuperación de los zapatos, prenda fundamental.
Sin embargo, la urgencia de rediseñar los modelos productivos hacia la sostenibilidad está transformando el sector. Impulsado por iniciativas pioneras como el proyecto Gerescal y el comercio minorista, la industria del calzado están comenzando a reescribir las reglas del juego mediante la recogida de calzado usado directamente en las tiendas.
Esta propuesta no solo reduce los residuos, sino que redefine la relación entre marcas, consumidores y el ciclo de vida del producto. Hasta hace poco, los esfuerzos de reciclaje textil y de complementos se limitaban a contenedores urbanos instalados en la vía pública o en campañas de recogida genéricas. El nuevo paradigma busca acercar la circularidad al punto de venta, convirtiendo la propia tienda física en el kilómetro cero de una segunda vida para el producto.

Esta estrategia no solo busca desviar toneladas de residuos de los vertederos, sino involucrar activamente al consumidor en el proceso. Las marcas están impulsando formaciones específicas dirigidas a los dependientes y equipos comerciales, capacitándolos para actuar como auténticos embajadores del consumo responsable, reseña Magazine Horse. Su labor va más allá de la venta: se encargan de explicar al cliente qué ocurre exactamente con el calzado una vez que este se deposita en los contenedores habilitados en el establecimiento. Desmitificando así el proceso y educando en la circularidad.
Comienza a hablarse de reciclaje de zapatos
Detrás de esta iniciativa comercial hay un complejo entramado tecnológico e industrial. Institutos tecnológicos como Inescop (Instituto Tecnológico del Calzado) desempeñan un papel fundamental al asumir el seguimiento científico, el análisis de datos riguroso y la trazabilidad de todo el flujo de materiales. Cuando un par de zapatos llega al final de su ciclo útil y es entregado en el establecimiento, se somete a procesos avanzados de reciclaje mecánico. Esta fase implica una compleja separación de sus componentes elementales. Abarcan desde cueros y pieles hasta polímeros, espumas, textiles técnicos y elementos metálicos.
Las posibilidades que se abren tras esta fragmentación son diversas y demuestran el potencial real de la economía circular. Por un lado, parte de los materiales recuperados se reintroducen en la cadena de valor local para fabricar componentes destinados a nuevas colecciones de calzado. Por otro, aquellos componentes que no pueden volver a integrarse directamente en la zapatería encuentran una salida igualmente útil en otras industrias. Como en parques infantiles, pistas de atletismo o superficies para instalaciones deportivas, cita el artículo.

Este movimiento en las tiendas representa un cambio cultural profundo. La transformación no recae únicamente en reciclar mejor o en optimizar los procesos industriales, sino en alterar los hábitos cotidianos de la sociedad. Devolver lo que un día compramos para asegurar la preservación de los recursos naturales demuestra que el futuro del diseño y del consumo consciente pasa por asumir que los residuos ya no son el final del camino, sino el principio de algo nuevo.
Una segunda vida al calzado usado
Las grandes cadenas minoristas están implementando sistemas de recolección de zapatos usados directamente en sus establecimientos, convirtiendo la visita comercial en una oportunidad de reciclaje. El Corte Inglés, por ejemplo, ha logrado captar más de 630 toneladas de prendas textiles en sus puntos de recogida en tienda para proyectos de reutilización, reciclaje y valorización energética.
En Alemania, la cadena TRETTER-Schuhe realizó un piloto de recogida en tienda que recopiló casi 2.000 pares de zapatos en pocos meses, superando las expectativas iniciales. Este éxito llevó a la empresa a expandir el sistema de recogida a todas sus tiendas, enviando el calzado recolectado a FastFeetGrinded en los Países Bajos. Allí se descompone en sus componentes materiales individuales para darles una segunda vida en nuevos productos que van desde calzado hasta suelos, muebles e incluso perchas.
Los programas ambientales de recolección de calzado usado generan impactos significativos. El piloto de TRETTER, por ejemplo, permitió ahorrar más de 2 toneladas de CO2. Estos sistemas completan el ciclo de la economía circular: recogida, reparación o reciclaje, y reutilización, recoge Diario Vasco. Desde una perspectiva regulatoria, la Unión Europea ha prohibido la destrucción de ropa y calzado sin vender bajo el Reglamento de Diseño Ecológico para Productos Sostenibles (ESPR), que entró en vigor el 19 de julio de 2026.

Esta normativa obliga a las empresas a mantener los productos en circulación el mayor tiempo posible antes de entrar en cualquier flujo de residuos. Priorizando la donación, la reventa en canales secundarios, la reparación o la preparación para la reutilización.
El reciclaje de zapatos presenta desafíos técnicos considerables. Un solo zapato puede combinar caucho, textiles, plásticos, espumas, adhesivos y componentes metálicos, lo que requiere tecnologías avanzadas para identificar y separar estos materiales con precisión.
Sostenibilidad desde los pies
En España están surgiendo proyectos innovadores que complementan los sistemas de recogida en tiendas. Dos estudiantes de LEINN, Alema Sáenz y Jon Peral, lanzaron una iniciativa en Gipuzkoa para recoger zapatillas usadas y repararlas en talleres locales. Así como devolverlas al mercado a través de la plataforma SecondStep.shop. Este proyecto sin ánimo de lucro instaló un contenedor piloto en el centro comercial Garbera de Donostia y ha recibido apoyo institucional como el primer sistema público de recogida de calzado para reutilización en el país.
La empresa Nuino está trabajando en un proyecto piloto con Gerescal y Humana España para recoger zapatos, repararlos y venderlos como calzado de segunda mano. Ofreciendo una opción de consumo diferente que extiende la vida útil de los zapatos y los mantiene alejados de los vertederos. La participación ciudadana es fundamental para el éxito de estos programas. Re-Viste y ConsumES firmaron un acuerdo de colaboración para impulsar la revalorización del residuo textil en España. Enfocándose en la concienciación ciudadana y la separación en origen de los residuos textiles y de calzado.

Las marcas están diseñando sistemas de recogida que eliminan la fricción para que los clientes participen activamente. Salomon, por ejemplo, implementó un programa de recogida de calzado usado en tiendas que permite a los clientes devolver sus pares desgastados (running, senderismo, sportstyle) depositándolos en cajas de recogida dentro del establecimiento.
A pesar del progreso, escalar estas iniciativas presenta desafíos. El reciclaje de un solo par de zapatos puede costar entre 30 y 40 dólares cuando se hace de forma individual. Esto ha llevado a empresas como SuperCircle (escindida de la marca Thousand Fell) a construir infraestructuras de recogida que agrupan volúmenes entre varios minoristas.
Tiendas convertidas en hubs de sostenibilidad
Las preguntas clave que el sector debe explorar incluyen: cómo hacer que el proceso de devolución sea lo suficientemente sencillo para que los clientes participen activamente. Cómo educar a los consumidores sobre qué puede y no puede reciclarse, si las marcas pueden colaborar para crear infraestructuras de recogida compartidas. Y qué nivel de transparencia pueden ofrecer sobre el destino final de estos materiales.
La normativa europea está impulsando estos cambios. Además de la prohibición de destrucción de productos sin vender, las grandes empresas deben publicar informes anuales que muestren cuántos productos descartaron (por número y peso). Por qué fueron descartados, qué tipo de tratamiento de residuos se utilizó y qué medidas se están tomando para reducir la destrucción futura. Los informes de datos de 2025 deben presentarse en 2026, y una plantilla estandarizada será obligatoria alrededor de marzo de 2027.
Francia está revisando su esquema de Responsabilidad Extendida del Productor (EPR) para textiles, calzado y ropa de hogar, con cambios que entrarán en vigor el 1 de enero de 2027. Estas revisiones recalculan la reducción de durabilidad, reenfocan la reducción de contenido reciclado hacia el reciclaje de circuito cerrado y extienden la penalización de reciclabilidad.
La economía circular en el calzado no se trata solo de reciclar productos, sino de rediseñar sistemas, comportamientos e incentivos. Las marcas que integran programas de recolección en tiendas no solo cumplen con las regulaciones emergentes, sino que construyen lealtad del cliente. Mantienen a los consumidores dentro de su ecosistema en lugar de desviarlos a plataformas de reventa de terceros, y alimentan sus propios canales de reventa oficial.
El modelo de «entrega de prendas usadas», que recompensa a los clientes con saldo en tienda a cambio de sus productos usados, está demostrando ser una estrategia efectiva para fomentar la fidelización mientras se alimenta un canal de reventa oficial. Este enfoque convierte a las tiendas físicas en hubs de sostenibilidad donde los consumidores pueden no solo comprar, sino también participar activamente en el ciclo de vida circular de los productos.
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