domingo , mayo 31 2020
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Desperdicio alimentario
Lanzar a la basura los restos de comida es también desperdiciar la oportunidad de aliviar el hambre de otros.

Desperdicio alimentario insostenible, mientras el hambre arrecia

Se calcula que un tercio de todos los alimentos que se producen en el planeta cada año se desechan en los vertederos, mientras el hambre se intensifica en el mundo. Organismos internacionales llaman a la conciencia y a hacer buen uso de las “sobras” de comida.

Lanzar a la basura los restos de comida es también desperdiciar la oportunidad de ali­viar el hambre de otros. Se calcula que un tercio de todos los alimentos que se produ­cen en el planeta cada año, es decir, 1.300 millones de toneladas, se desechan, según estudios realizados por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Esto equivale a un billón de dólares en costes económicos, cerca de 700.000 mi­llones de dólares en costes ambientales y al­rededor de 900.000 millones de dólares en costes sociales. Y es que con los restos de comida desperdiciados se pierden también el valor de la mano de obra, agua, energía y todos los productos alimenticios que se em­plean en la elaboración de un plato.

Se estima que los mayores “producto­res” de sobras son los restaurantes. Se cal­cula que un restaurante tira al cesto unos 2,5 kilogramos de comida desperdiciada al día. Eso significa que el desperdicio anual supe­ra la media tonelada de alimentos.

Pero también se reportan pérdidas cuan­tiosas de alimentos esenciales en toda la cadena comercial, que incluye la distribu­ción. En este caso, las raíces y tubérculos, las hortalizas y frutas y los pescados son los que más se pierden, según la Organi­zación para la Alimentación y la Agricultu­ra. Y constituyen los alimentos que apor­tan más nutrientes inclusive en los casos de subalimentación o deficiencia de ener­gía alimentaria.

Mientras esto ocurre, el hambre agu­da, la que representa una amenaza para la vida, se extiende. Casi mil millones de per­sonas en el mundo no tienen qué comer, señala el informe El estado de la seguri­dad alimentaria y la nutrición en el mun­do de la FAO correspondiente a 2019. En España, la inseguridad alimentaria afecta a 1,5% de la población total.

Por eso, Naciones Unidas ha instado a los países a aumentar en 60% la oferta de ali­mentos en 2050, cuando calcula que 10.000 millones de personas aproximadamente po­blarán el planeta. Pero desde ya es vital edu­car a productores y consumidores y crear conciencia sobre cómo aprovechar mejor sus comidas. El hambre del mundo les urge que dejen de considerarlas como “sobras”.

Qué se pierde y cómo se pierde la comida

Los desperdicios de comida o “sobras” son seria preocupación de organismos interna­cionales en la última década debido al im­pacto que tiene en la pobreza e inclusive en el medio ambiente. Se le llama “sobras” a los restos comestibles de una comida que no se consumen cuando todos los comensales terminan, y paran en los vertederos.

Uno de los estudios, Global food losses and food waste (Pérdidas mundiales de ali­mentos y desperdicio de alimentos, traduci­do al español), realizado por la FAO, advierte que “existen grandes lagunas de datos en el conocimiento de la pérdida y el desperdicio de alimentos a nivel mundial” y llama a una investigación urgente.

Sin embargo, se sabe que muchos pro­ductos frescos terminan en los cubos de ba­sura. La carne de res y la leche son dos de estos alimentos que reportan pérdidas im­portantes, debido a condiciones para su conservación.

Y es que el desperdicio y pérdida de ali­mentos se produce en las etapas de la ca­dena de comercialización, en unas más que en otras, según los ingresos de cada país, de acuerdo con estudios de la FAO

Europa, Estados Unidos, Japón, China y Australia se encuentran entre las naciones que mayor desperdicio de alimentos repor­tan durante la distribución y el consumo fi­nal, último eslabón de la cadena, según es­tudios publicados en 2018. La tendencia es que el comprador adquiera más comestibles de lo que necesita y, en consecuencia, se da­ñan en la nevera.

En contraste, los países de ingresos más bajos registran la pérdida de alimentos en casi todos los eslabones de la cadena: des­de la producción hasta el transporte y al­macenamiento. Esto se atribuye a la falta de recursos, infraestructuras y tecnologías adecuadas para preservar los productos. En algunos países se produce por la volatilidad de la economía y los mercados cambiarios.

Los restaurantes son también fuente importante de desperdicio de comida.

En 2011, se estimó que los comercios españoles de comida botaban al año más de 63.000 toneladas. Y su costo al sector fue calculado en unos 255 millones de euros, según un estudio de la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR).

También hay otras variadas maneras de desperdiciar alimentos indispensables para la vida humana. Por ejemplo, durante el procedimiento de clasificación productos como hortalizas, verduras, legumbres y frutas se apartan al no ser considerados óptimos por su color, forma y tamaño.

Otra modalidad es el descarte de alimentos, por parte de minoristas, cuando están próximos a la fecha de caducidad o que ya la pasaron. Un caso frecuente ocurre con la leche y el yogur. Producir menos alimentos y menos desperdicio llevaría a un uso más eficiente de la tierra y una mejor gestión de los recursos hídricos con impactos positivos en el cambio climático y los medios de vida.

Ante el hambre aguda, mayor conciencia

Frente a este panorama del mundo derrochador, el hambre crece y se intensifica. Un informe sobre crisis alimentaria, presentado en Roma, en marzo de 2018, señaló que 124 millones de personas en 51 países fueron víctimas de inseguridad alimentaria aguda en 2017. Es decir, 11 millones más que en 2016. Y se estima que la cifra crece exponencialmente desde entonces. La seguridad alimentaria se refiere a la disponibilidad de alimentos, el acceso de las personas a estos y su consumo nutricional.

Neven Mimica, comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo, advirtió en 2018 sobre esa circunstancia. “Es probable que las crisis alimentarias se vuelvan más agudas, persistentes y complejas dadas las tendencias actuales y sus causas profundas con efectos devastadores en la vida de millones de personas”.

El estudio mundial destaca la necesidad urgente de actuar de forma simultánea contra el hambre para salvar vidas. E indica que deben buscarse medios de subsistencia y atacar al mismo tiempo las causas de las crisis alimentarias en el planeta, como el cambio climático y los conflictos bélicos.

Mimica invocó un mayor diálogo global que permita a la Unión Europea, sus países socios y a los socios internacionales enfrentarse mejor a las causas de la crisis. En otras palabras, pidió más conciencia.

Reducir el desecho de alimentos y hacer buen uso de ellos puede ser una forma de enfrentar el hambre y que más personas puedan alimentarse. Por eso, la FAO considera que la comida es mucho más de lo que hay en nuestros platos, y que es importante reconocer, apreciar y respetar el valor de los alimentos.

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Sobre Olgalinda Pimentel

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Venezolana radicada en Venezuela. Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo Impresos, en la Universidad Central de Venezuela. Coordinadora y redactora editorial en las secciones de Investigación y Venezuela de Cambio16 y Energia16. Con amplia experiencia en el área reporteril y la coordinación y dirección de distintos medios de comunicación impresos. Se ha desempeñado como locutora y productora de contenidos para radio, y profesora de Investigación Periodística y Opinión Pública en las universidades Santa María y Nueva Esparta. Membresía: Asociación de Revistas ARI, Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y Sindicato Nacional de la Prensa de Venezuela (SNTP).

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