El último informe sobre envejecimiento del CSIC sitúa a la población mayor en más de 10 millones de personas. La investigación también muestra la persistencia de desigualdades territoriales
El cambiante mapa demográfico mundial está mostrando cifras importantes sobre el envejecimiento de sus habitantes y España, se ensarta en esa carta geográfica, al reportar por primera vez, más de 10 millones de personas con 65 años o más; el 20,7% de su pablación.
España se pensó a sí misma como un país joven décadas atrás, o al menos como uno en transición hacia la madurez. Hoy esa imagen ha quedado desbordada. En las calles, transportes, plazas, en la cotidianidad, la presencia de pesonas mayores es más frecuente.
Datos del Departamento de Población del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, refieren que “el 1 de enero de 2025 en España había 10.178.625 de personas con 65 años de edad o más”, una cifra que “supone el 20,7% de la población del país”. Y refleja un aumento de 250.257 personas respecto al año anterior, equivalente a un 2,5% más. Dicho de otro modo: uno de cada cinco habitantes del país ha superado ya los 65 años. No es una proyección lejana ni un escenario hipotético, es el presente demográfico del país.

El dato cobra mayor fuerza si se mira hacia atrás. Hace medio siglo, las personas mayores representaban alrededor del 10% de la población española. Hoy son más del doble. Y si las tendencias recogidas por el informe del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) se mantienen, en 2046 habrá más de 16 millones de personas de 65 años o más, cerca del 30% del total. La pregunta, entonces, no es si España envejece, sino cómo quiere envejecer: con ciudades amables, sistemas públicos sostenibles, viviendas adaptadas y una idea de longevidad que no se reduzca a dependencia o a fragilidad.
La población en España se hace mayor
Según el Censo Anual de Población 2025, la población de España se situó en 49 millones 128.297 habitantes. Esto significa un aumento de 508.602 personas respecto al año anterior, impulsado fundamentalmente por el creciente peso de la inmigración en la dinámica demográfica. En contraste con el patrón histórico de la migración española, tradicionalmente caracterizado por un saldo migratorio negativo. No obstante, la inmigración está contribuyendo a moderar el incremento en la proporción de personas mayores.
Entre 1975 y 2025, la proporción de personas de 65 y más años se ha duplicado, pasando del 10,2% al 20,7%, revela el documento. Mientras que los grupos de edades más avanzadas crecen con mayor intensidad: la proporción de 80 y más años se cuadruplica y la de 90 y más años se multiplica por más de nueve. Este patrón confirma el aumento de la población mayor y también un claro proceso de sobreenvejecimiento, con un peso amplio de las edades muy avanzadas.

Las proyecciones de población del INE revelan que dentro de veinte años, en 2046, España tendrá más de 16 millones de personas mayores (16.146.676). Esto significa que casi tres de cada diez habitantes (29,6%) serán personas de edad avanzada, en un país que superará los 54,6 millones de habitantes. En los próximos años, y especialmente a partir de 2030, la generación del baby boom llegará a la vejez, lo que hará que la proporción de población mayor alcance su máximo histórico.
España no solo tiene más mayores, también tiene personas que viven más tiempo. El número de centenarios aumentó un 7,1% en un solo año, al pasar de 15.911 en 2024 a 17.038 en 2025. Aproximadamente ocho de cada diez son mujeres. Esa feminización explica en buena parte la viudedad y las necesidades de cuidado en las edades más altas.
Los más longevos en Portugal, Bulgaria e Italia
El envejecimiento es uno de los grandes rasgos comunes del continente europeo, aunque cada país llega a él con ritmos, historias y políticas distintas. Según Eurostat, en 2025 el 22% de la población de la Unión Europea tenía 65 años o más, frente al 17% registrado en 2005. La media europea, por tanto, ya supera a la española, aunque España se acerca con rapidez a los países más envejecidos del bloque.
Los líderes en proporción de personas mayores son Italia, Portugal y Bulgaria. Italia encabeza la lista con un 24,7% de su población por encima de los 65 años; Portugal le sigue con el 24,3% y Bulgaria alcanza el 24%. España, con el 20,7%, se sitúa por debajo de esos tres países, pero muy cerca de la media europea. En el otro extremo aparecen Luxemburgo, con 15,2%; Irlanda, con 15,7%; y Chipre, con 18,3%. Son sociedades más jóvenes, en parte por tasas de natalidad algo mayores, por inmigración o por estructuras demográficas diferentes.

La comparación revela algo importante. No todos los países envejecen igual. Italia y Portugal comparten con España una combinación de baja natalidad, alta esperanza de vida y poblaciones envejecidas desde hace décadas. Bulgaria, en cambio, enfrenta el fenómeno con una dimensión añadida: la emigración de jóvenes ha vaciado de población activa a muchas zonas del país, acelerando el peso relativo de los mayores. En el norte y el oeste europeo, países como Irlanda o Luxemburgo conservan estructuras más jóvenes, aunque no están exentos de la tendencia general.
También hay diferencias en la edad mediana. Italia registra la más alta de la UE, con 49,1 años, mientras que Irlanda tiene la más baja, con 39,6 años. La edad mediana europea se sitúa en 44,9 años; la española, según el CSIC, alcanzó los 44,55 años en 2025.
Evitar la exclusión en la sociedad
El proceso de envejecimiento de una sociedad suele presentarse como un problema de pensiones o de sostenibilidad del Estado de bienestar. Es cierto que lo es, pero reducirlo a eso sería empobrecer el debate. La cuestión de fondo es cómo organizar una sociedad en la que la población mayor deja de ser minoritaria y se convierte en un grupo social amplio, diverso y con necesidades muy distintas.
El informe del CSIC aporta elementos que obligan a mirar más allá de las cuentas públicas. La mayoría de las personas mayores españolas son propietarias de la vivienda en la que residen, pero esa propiedad no siempre equivale a bienestar residencial. El 56,6% de los hogares cuya persona de referencia tiene 65 años o más vive en casas construidas antes de 1981. Muchas de esas viviendas necesitan mejoras de eficiencia energética, accesibilidad o adaptación.

Sin embargo, el coste económico es la principal barrera para realizarlas: lo señala el 74,1% de los hogares en propiedad que necesitan reformas y no las han hecho. Aquí se ve con claridad que envejecer no es solo un asunto médico. Es también una cuestión de arquitectura, transporte, barrios, digitalización y desigualdad. Una persona mayor puede tener una pensión suficiente y, aun así, vivir en un quinto piso sin ascensor, en una casa fría, lejos de su familia o de los servicios básicos. La vejez digna no se decreta: se construye con políticas concretas.
La brecha digital añade otra capa al desafío. El uso diario de internet entre las personas de 65 a 74 años pasó del 70,5% en 2024 al 75% en 2025, un avance notable. Pero entre quienes tienen 75 años o más, la cifra apenas llegó al 35,4%. La tecnología puede acercar, informar y acompañar, también puede excluir.
Calidad de vida y oportunidades
El informe subraya que las personas de 65 años o más representan el 29,1% de la población de los municipios rurales, frente al 20,7% de los entornos urbanos. Asturias, Castilla y León y Galicia registran las proporciones autonómicas más elevadas. La España vaciada no solo pierde jóvenes, conserva y concentra población mayor, con menos servicios, transporte y redes de apoyo.

Aun así, la vejez española es mayoritariamente urbana. Las ciudades concentran a la mayor parte de la población y también a un número creciente de personas mayores. Esto plantea retos distintos: viviendas pequeñas, soledad en medio de la multitud, dificultad para acceder a espacios públicos, dependencia del transporte y necesidad de entornos seguros. Una ciudad amable con las personas mayores suele ser, además, una ciudad mejor para niños, personas con discapacidad y cualquier persona que camine despacio.
Europa envejece y España forma parte de ese proceso. Pero el dato decisivo no será cuántos años vivimos, sino cómo vivimos esos años. La verdadera medida del progreso no estará únicamente en la longevidad, sino en la capacidad de una sociedad para que vivir más no signifique vivir peor.
+ en Cambio16.com:




