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El síndrome de la soledad del ejecutivo
Poca gente conoce el alto nivel de autoestima, motivación, conocimiento e implicación que deben aglutinar para afrontar situaciones comprometidas

El síndrome de la soledad del ejecutivo

Por Aritz Urresti, CEO de goalboxes

Los puestos directivos llevan adosadas grandes dificultades. Quienes acceden a ellos deben reunir una serie de habilidades con las que encandilar a su equipo de trabajo. El objetivo final es cumplir con una serie de metas y objetivos fijados. Sin embargo, ese trabajo previo, de toma de decisiones relevantes y de diseño de estrategias, ha de realizarse en solitario. Es el síndrome de la soledad del ejecutivo.

Obligados a acertar

Con frecuencia, esta responsabilidad adquirida le deja fuera del equipo que lidera. Tanto desde el punto de vista personal como de cercanía. Es fácil encontrarse con mandos emocionalmente introvertidos. Mandos que adoptan un estilo autoritario porque desean reconocimiento y consideración. Y que están obligados a acertar en cada decisión que toman.

Poca gente conoce el alto nivel de autoestima, motivación, conocimiento e implicación que deben aglutinar para afrontar situaciones comprometidas, miedos y dudas que no pueden reflejar, y para dar la imagen positiva que se espera de su persona. 

Soledad del ejecutivo

Es la llamada soledad del ejecutivo, derivada de la falta de compañeros de trabajo que tengan su mismo nivel de responsabilidad con los que compartir y consultar esas dudas y miedos que van surgiendo a lo largo del camino, con los que valorar una mejor solución.

¿Se puede combatir este mal? Por supuesto, hay varias opciones. Una de ellas es participar en foros temáticos cuya comunidad esté formada por personas con cargos profesionales de responsabilidad similar. De esta manera, se pueden compartir ideas y evitar la desmotivación sintiéndose identificado con el entorno. También intercambiar opiniones y pedir consejo entre iguales, con un alto nivel de comprensión y de complicidad.

Humanizarse

No obstante, también es positivo humanizarse. Es decir, ser empático y demostrar a nuestros subordinados que el directivo es una persona de carne y hueso, con problemas que, en ocasiones, no sabe resolver. Es importante conseguir el apoyo del equipo de trabajo en esos momentos de incertidumbre y una buena forma de lograrlo es salir del despacho y relacionarse directamente con todos sus miembros, escuchando sus sugerencias, estar al tanto de su vida y sus necesidades, ponerse en su piel para mejorar su situación laboral y, con ello, su rendimiento de trabajo.

Productividad y resultados

En este sentido, una buena opción sería implicar a todo el grupo marcando metas y objetivos. Es decir, establecer un sueño ideal común para que todos remen en una misma dirección, incluido el líder. Instaurar unas líneas de colaboración conjunta que no solo van a hacer desaparecer esa soledad del ejecutivo, sino que van a mejorar las relaciones entre compañeros y a generar un vínculo con la empresa, que se verá reflejado en un aumento de la productividad y en una mejora de los resultados.

Autocrítica

No obstante, el primer paso para llegar a esta situación de éxito es aprender a llevarse bien con uno mismo. El directivo debe ejercer diariamente la autocrítica, meditar sobre sus errores y sobre sus posibles soluciones para que no se vuelvan a dar. Y, por supuesto, escuchar las opiniones constructivas de los que le rodean para saber cuánto vale y para mejorar en su labor. Sólo así se puede alcanzar la excelencia.

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