Los investigadores, fanáticos de la cantante estadounidense y de la rigurosidad científica a partes iguales, decidieron inmortalizar a la superestrella del pop en el exoesqueleto de un pequeño artrópodo habitante de los bosques de Australia
La taxonomía, ese noble arte de ordenar la biodiversidad del planeta que alguna vez practicó con gran paciencia Carl Linneo, suele moverse entre el latín, descripciones morfológicas y homenajes académicos a personajes destacados. Sin embargo, un grupo de cientificos decidió sacudir el polvo de los manuales y flexibilizar las normas. Eso fue exactamente lo que ocurrió cuando un grupo de entomólogos decidió bautizar a una nueva especie de insectos con un nombre que resuena en la música pop y sus millones de seguidores: el de Taylor Swift.
No estamos ante una broma de internet ni ante una estrategia de marketing. Los investigadores, verdaderos fanáticos de la cultura pop y de la rigurosidad científica a partes iguales, decidieron inmortalizar a la superestrella del pop colocando su nombre a un pequeño artrópodo habitante de los bosques de Australia.
Los insectos fitófagos, que eran desconocidos para la ciencia hasta ahora, son criaturas discretas, fundamentales para la salud de los ecosistemas forestales. Se deslizan silenciosamente entre la hojarasca reciclando nutrientes, un trabajo invisible pero monumental. En paralelo, la artista a la que rinden tributo ha construido un imperio cultural a base de melodías contagiosas que rompen récords de ventas y llenando estadios a nivel mundial con giras históricas como The Eras Tour.

Este bautizo zoológico abre un debate fascinante sobre cómo la ciencia se comunica con la sociedad contemporánea.
Tipos de insectos llevan el nombre de Taylor Swift
Sarah Schroeder, estudiante de doctorado en entomología de la Universidad de California Riverside, espera que al nombrar a estos insectos en honor a la cantante, tanto los insectos el concepto de conservación de esta especie brillen con un poco de su luz reflejada.
“Para mí, como fan de Taylor Swift de toda la vida, fue auténtico honrar a la cantante de esta manera, además de llamar la atención sobre la diversidad de insectos que aún están por descubrir”, dijo Schroeder, según reseña Eurekalert.
Anteriormente nombrar una nueva especie era un coto cerrado. Hoy, la nomenclatura binomial se democratiza y se vuelve un puente cultural. Bautizar a una gama de insectos como Taylor Swift no es un guiño simpático que garantiza títulos en la prensa generalista, según algunos. Para otros es una herramienta de divulgación masiva. De repente, miles de personas que no abrirían una revista de taxonomía se interesan por la filogenia de los diplópodos. Y descubren qué es un endemismo regional y entienden la fragilidad de los hábitats montañosos de los Apalaches. El bicho se ha vuelto embajador de su propia causa.

Y la revista Insect Systematics and Evolution publicó un artículo que describe 12 nuevas especies de insectos. De estas, un género ha sido denominado Swiftiephylus y contiene cuatro especies cuyos nombres están inspirados en la propia artista, así como en varios de sus álbumes: Swiftiephylus taylorae , Swiftiephylus amator , Swiftiephylus intrepidus y Swiftiephylus poetorum .
Los nombres son versiones latinas de Taylor, amante, intrépido y poetas, respectivamente. El nombre del género combina «Swiftie», término que se usa para referirse a los fans de Taylor Swift, con Phylus , un nombre comúnmente utilizado para este grupo de insectos.
¿Semejanzas entre el animalito y la cantante?
Estos nuevos insectos no son considerados plagas ni para humanos ni para animales. Pertenecen a la familia Miridae. La más grande de chinches verdaderas, con más de 11 000 especies descritas en todo el mundo. Esta familia incluye insectos fitófagos y depredadores, así como insectos con estilos de vida altamente especializados.
Estas especies están estrechamente relacionadas con los casuarinas australianas, árboles y arbustos adaptados a entornos que van desde bosques tropicales hasta dunas costeras y calor extremo. Muchos chinches de las plantas pasan toda su vida en una planta huésped específica, desde la eclosión hasta la adultez y la puesta de huevos.

Una de las razones por las que Schroeder dedicó los nombres de los nuevos insectos a Swift también tiene que ver con su apariencia, recoge Eurekalert. Cree que su coloración les ayuda a camuflarse entre las flores de casuarina, que presentan estructuras delgadas de color rojo a naranja. El artículo señala que se ha observado una coloración similar, de color crema y rojo, en insectos lejanamente emparentados que viven en las mismas plantas. Lo que sugiere que el camuflaje podría haber evolucionado de forma independiente en múltiples ocasiones.
“El look icónico de Taylor Swift es su cabello rubio y sus labios rojos. Estos insectos son de color amarillo pálido con toques rojos”, señaló Schroeder. “En el artículo me refiero a ellos como rubios”.
Aunque estos insectos son nuevos para la ciencia, los ejemplares han esperado décadas para ser descritos formalmente. Formaban parte de los chinches fitófagos recolectados entre 1995 y 2004 durante un proyecto de biodiversidad en el que participaron investigadores del Museo Americano de Historia Natural y colaboradores australianos. El proyecto arrojó más de 50.000 ejemplares, muchos han requerido años de trabajo taxonómico para su clasificación, estudio y descripción.

Millones de insectos sin identificar
Una figura clave en ese proyecto fue la asesora de Schroeder y coautora del artículo, Christiane Weirauch, profesora de entomología de la UCR que participó como investigadora postdoctoral antes de incorporarse a Riverside. Años después, sabiendo que aún quedaban muchos insectos sin describir procedentes de esas campañas de recolección en Australia, Weirauch sugirió a Schroeder que los investigara como parte de su tesis doctoral.
Schroeder y Weirauch examinaron finalmente 593 ejemplares prestados del Museo Americano de Historia Natural y del Museo Australiano. Los insectos se agrupan en distintos grupos evolutivos a pesar de compartir plantas hospedadoras y una coloración similar.
Para Schroeder, su largo recorrido desde los casuarinas australianas hasta los cajones de los museos. Finalmente el registro científico, ilustra por qué la ciencia de identificar y nombrar organismos, llamada taxonomía, es esencial. A pesar de siglos de exploración biológica, es posible que existan hasta 30 millones de insectos sin documentar.
Schroeder estudia la evolución de esta subfamilia particular de chinches fitófagas utilizando tanto la taxonomía tradicional como datos genómicos. Al reconstruir sus relaciones evolutivas, espera comprender mejor cómo se extendieron estos insectos por el mundo, desarrollaron relaciones especializadas con las plantas y se diversificaron con el tiempo. Busca vincular este conocimiento con la conservación.
Nombrar a los insectos en honor a un artista como Taylor Swift, cuya música ha acompañado a Schroeder desde su infancia hasta sus estudios de posgrado, brindó la oportunidad de conectar esa misión científica con algo profundamente personal.
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