viernes , marzo 22 2019
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Ilustración: Luis Moreno

Willem Dafoe: “Cuando actúo no pienso”

Por: Paz Mata

Apostamos por que la mayoría de la gente lo conoce más por su interpretación del villano que le daba la réplica a Peter Parker en el Spiderman de Sam Raimi. Esto explica la sorpresa que causó cuando en 2018 fue nominado al Oscar por dar vida al encargado de un motel, a las afueras de Disney World, en The Florida Project.

“¿Sabe lo que me decía la gente cuando vio esa película?” pregunta el actor en nuestro reciente encuentro en Los Ángeles. “No sabíamos que eras un tipo tan afectuoso y compasivo”, responde soltando una fuerte carcajada. “Supongo que la visión que tiene la gente de ti está basada en las películas en las que te han visto trabajar”, explica Dafoe, que este año vuelve a apuntarse como candidato al premio de la Academia de Cine de Hollywood, en esta ocasión por dar vida a Vincent van Gogh, en Van Gogh: A las puertas de la eternidad.

En el film, su director, el también artista Julian Schnabel, coloca un pincel en la mano del actor, un vendaje en una de sus orejas y, de repente, nos encontramos con la viva imagen del pintor posimpresionista. Aunque el parecido físico es patente, la conexión entre ambos va más allá de lo superficial. A Van Gogh y Dafoe les une una incansable creatividad. El pintor buscó inspiración en 20 localidades distintas antes de morir, por herida de bala, a los 37 años, mientras que el actor, que tiene siete películas por estrenar, se niega a estar parado.

“Sí, últimamente he vivido enclaustrado en esos pequeños mundos interiores”, admite Dafoe, quien, a través de sus repetidas colaboraciones con directores como Julian Schnabel, Abel Ferrara o Paul Schrader, ha ido dejando una profunda huella en el curso del cine independiente americano.

¿Que significaba Van Gogh para usted antes de hacer esta película?

No era un pintor por el que sintiera una especial atracción. Pero a través de mi trabajo en esta película he conectado intensamente con su obra. Ahora veo su pintura de forma muy distinta, tal vez sea porque tuve que aprender a pintar y pasé horas y horas delante de la cámara pintando.

¿Qué le ha sorprendido más de él, ahora que ha tenido la oportunidad de interpretarlo?

Que era una persona mucho más alegre y luminosa de lo que nos cuenta la historia. Un hombre que confiaba en su propio talento y se sabía un pionero de nuevas formas de pintar. Aunque se le ha representado siempre como la imagen del artista torturado, para mí es un personaje esperanzador. Un hombre cuya particular visión le llevó a producir muchísimo trabajo y a pegar un salto radical en la pintura.

¿Ahora que le conoce mejor, cuál es su obra favorita?

Me gustan mucho sus dibujos, son puros, y aunque parecen un tanto naif, hay mucha sabiduría y claridad en ellos. En la película no se ve, pero copié muchos de ellos, practiqué con todos esos círculos y elipses de los cipreses. Me transportó a otro mundo. Eso sí es moderno.

Van Gogh dijo “cuando pinto dejo de pensar”. ¿Le ocurre eso a usted cuando interpreta un papel?

Cuando uno se enfoca plenamente en algo, deja de pensar y se dedica de lleno a ello, a producir, a fabricar o a crear algo. Eso es lo que trato de hacer cuando interpreto, entregarme por completo a lo que estoy haciendo, hasta el punto de que mi ser interior y el mundo exterior son una misma cosa. Un espacio sagrado al que no siempre se consigue acceder, pero cuando lo haces te encuentras en absoluta armonía y paz, no hay lugar para las preocupaciones, simplemente existes.

Julian Schnabel no solo le ha dirigido sino que le ha enseñado a pintar. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Maravillosa, porque realmente ha cambiado mi visión de las cosas. Comencé por aprender sobre los distintos materiales, continué con la técnica y por último aprendí lo que significa pintar la luz. Empiezas a ver las cosas a través de las formas, los colores y la relación entre ambos y con ellos trasciendes la funcionalidad de las cosas y entiendes, como decía Van Gogh, lo eterno de la temporalidad, la esencia de las cosas.

¿Se siente diferente después de dar vida a Van Gogh?

Sí, absolutamente. Esta película me ha cambiado. Aprender a pintar me ha cambiado. Pasar tres meses en Francia con Julian Schnabel me ha cambiado, porque me identifico con cosas con las que antes no lo hacía. Ahora hay cosas que son muy importantes para mí y otras que antes eran importantes han dejado de serlo. Siempre que aprendes algo nuevo te abres a nuevas experiencias, dejas atrás tu viejo ser y te conviertes en alguien nuevo.

¿Le gusta más su nuevo yo?

Mucho más. Por eso me emociono cada vez que veo la película. Es una fuerte asociación con algo que me ha cambiado completamente.

Willem Dafoe como Vincent Van Gogh

¿Es la actuación también una herramienta para percibir mejor la vida?

Sí, lo es. El actor cuenta una historia y las historias no son más que herramientas y estructuras que sirven para que entendamos quiénes somos y cómo tenemos que proceder en la vida. Como dice Van Gogh en la película, “una herramienta que sirve para consolarnos y para darnos una nueva perspectiva de las cosas no para distraernos”. La actuación es una expresión de empatía que puede hacerte conectar con otras personas. Yo amo a la gente a través de la actuación y por eso mi profesión puede llegar a ser tan bonita. Lo importante es no distraerte con esas otras cosas negativas que también existen en ella.

¿Es usted crítico con su trabajo?

Sí, la duda es parte del proceso creativo. El secreto consiste en familiarizarse con la duda, aceptarla y sentirte a gusto con ella. La autocrítica es importante, pero obsesionarse con el trabajo no lo es. Aprender de los errores es algo intuitivo y la mayor parte de las veces se aprende más de los errores que de los éxitos. Una vez que aprendes de ellos, lo que tienes que hacer es seguir avanzando sin parar. Lo que tiene que hacer el actor y todo artista que se precie es seguir trabajando.

Las cartas de Van Gogh a su hermano Theo fueron esenciales para entender su experiencia humana y artística. ¿Qué papel ocupa la escritura en su vida?

En el pasado solía escribir mucho, sobre todo cuando trabajaba lejos de casa y mi esposa o mi novia en la época no podían acompañarme. Enviaba cartas todo el tiempo porque era una forma de complicidad con esa persona con la que te sentías muy cercano, pero que en ese momento no tenía a mi lado. Pero con la llegada del correo electrónico he perdido el hábito de escribir cartas a mano. Eso sí, escribo en mi diario cada día, lo llevo haciendo desde hace 40 años. Una parte muy importante de este proyecto fue leer las cartas de Van Gogh porque son profundas y llenas de sinceridad. En ellas expresa todas sus emociones y reflexiones. La pintura me puso en acción como actor y la escritura activó mis pensamientos.

¿Es Van Gogh una figura trágica para usted?

No, en absoluto. De hecho en esta historia vemos cómo disfrutó de un período de intensa productividad en el que se dedicó a hacer lo que más amaba, pintaba un cuadro al día y vivía en paz y armonía. Como él decía: no voy a hablar de muerte, pero si esta llega lo aceptaré. Eso para mí es vivir con intensidad. Es cierto que no vendió mucho en vida, pero para qué iba a querer el dinero después de muerto. Es trágico como idea, pero eso no hace que sea un personaje trágico. Muy al contrario, alguien que ha recibido el don de crear y consigue hacerlo en vida es alguien muy afortunado. Para mí es un motivo de inspiración, porque creo que todos hemos nacido con un don. La cuestión es saber cuál es y ejercerlo.

De villano a variedad de papeles

Dafoe creció en Appleton, Wisconsin. Su padre era médico y su madre enfermera. Mientras que la mayoría de sus siete hermanos siguieron el camino de la medicina, él encontró su don: pretender ser otras personas. Un don que se convirtió en pasión a medida que iba creciendo y madurando.

En una clase de arte dramático, en el instituto de Enseñanza Media donde cursaba estudios, Dafoe decidió grabar para la cámara una entrevista a un nudista, un satanista y un fumeta. La escuela, que encontró el material un tanto transgresor, le envió a casa, prohibiéndole volver. Appleton se le quedó pequeño, como también ocurrió con la Universidad de Wisconsin donde, durante año y medio, estudió Arte Dramático. Su ambición y su inquietud le llevó a Nueva York.

Allí se unió al famoso grupo teatral Wooster Group, empezó a salir con su directora Elizabeth LeCompte y alternó con algunos de los más extravagantes artistas de la ciudad, incluido el joven Julian Schnabel. “Eran tiempos muy emocionantes, pero también muy difíciles, porque no lograba vivir del teatro”, recuerda el actor, que pronto se encontró haciendo de malo en el cine para poder pagar el alquiler. Hasta que llegaron Oliver Stone y Martin Scorsese y vieron más allá de esas duras facciones a un actor con un amplio repertorio.

Platoon y La última tentación de Cristo le consagraron como actor de cine. A partir de entonces, Dafoe llenó su carrera de todo tipo de papeles, ya fuera en thrillers eróticos, actuando junto a Madonna, en películas de acción, al lado de Ice Cube, metiéndose en el fantástico mundo de Wes Anderson o en el de la factoría Marvel. Además, fue de los primeros actores en combinar con éxito el cine comercial con el cine de autor.

¿Es usted de esos actores que necesitan meterse de lleno en el mundo del personaje para convertirse en él?

No. Mi actuación depende del tipo de proyecto del que se trate. Siempre hay una parte de mí que desea no ser actor y que busca no parecerlo. Cuando hice The Florida Project, por ejemplo, ayudó mucho el hecho de trabajar con actores que no lo eran en la realidad, con gente real que vivía en la zona donde se filmó la película, con niños que eran la primera vez que se ponían delante de una cámara. Para mí fue muy importante el poder desaparecer dentro de la historia.

¿Qué tipo de actor es entonces?

Yo hago lo que haga falta para prepararme para un papel, para sentirme abierto y flexible, para sentirme seguro. En el caso de esa película conviví con personas que vivían en moteles de la zona y aprendí cómo era su vida, cómo hablaban, cómo se movían, cómo se vestían y cómo era el mundo del que procedían. En el caso de Van Gogh ya hemos hablado de mi inmersión en su pintura.

Es conocido por haber hecho películas transgresoras y personajes muy poco convencionales. Ahora, sin embargo está rodando una película de Disney. ¿Dónde ha dejado al salvaje Willem Dafoe?

Sigue dentro de mí. Lo que ocurre es que estoy pasando por un período muy fructífero en el que estoy haciendo cosas muy variadas, hay una buena mezcla de cosas, lo cual me hace muy feliz, pero eso no quiere decir que haya dejado atrás mi lado salvaje, sigue ahí. Todavía no estoy muerto (ríe).

¿Cree que el éxito puede corromper al artista?

No necesariamente, pero es cierto que hay que tener cuidado para no dormirse en los laureles.

¿Es importante contar con la aprobación de los demás a la hora de crear?

Siempre es necesario contar con el apoyo y la aprobación de los demás. Dicho esto, yo emprendo cada nuevo proyecto como si acabara de empezar en esta profesión, como si de un lienzo en blanco se tratara. Me gusta trabajar partiendo de cero y aunque aprecio la perfección en el trabajo, disfruto más en la exploración y en la búsqueda de algo que en la ejecución o en la explicación de ese algo. Creo que esa es la diferencia entre el artesano y el artista. Yo soy un artesano que aspira a ser un artista.

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