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Amazonía un inmenso desafío para la humanidad

Cualquier cosa que pueda ser escrita queda corta ante los hechos. Lo que sucede en la Amazonía no solo es un problema ambiental. Se trata de un gran reto sociocultural, político, económico y humano que ha devastado millones de hectáreas, ha puesto en peligro a miles de especies y ha desplazado a pueblos enteros obligándolos a vivir de actividades ilícitas o de la mendicidad.

La Amazonía es un territorio ubicado en el corazón de América del Sur y ocupa parte de la demarcación de nueve países (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Francia –Guayana francesa–, Guyana, Perú, Venezuela y Surinam), mientras se extiende por 7,8 millones de km2. Es el hogar de 33 millones de personas de las cuales 1,5 millones pertenecen a 385 pueblos indígenas diferentes.

Este inmenso territorio representa más de la mitad de los bosques tropicales que quedan en el planeta. A través de la evaporación en sus árboles trillones de litros de agua diarios se lanzan a la atmósfera contribuyendo así con los ciclos hidrológicos de todo el mundo. Igualmente, es un mega reservorio de dióxido de carbono, puesto que cada hectárea de selva joven requiere una gran cantidad de carbono para desarrollarse, retirando así este elemento del aire.

No obstante carreteras, hidroeléctricas, minería, quema, deforestación, petróleo y gas han transformado su paisaje. Según la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) estas actividades se han convertido en presiones que impactan a ecosistemas y a los habitantes de las regiones. También las amenazas por nuevos planes y proyectos pueden convertirse en presiones.

Mátame suavemente

Uno, dos, tres, cuatro… ¿52? Este es el número aproximado de niños que se logra contar en un vídeo de algo más de tres minutos que expone el impacto del mercurio. Todos ellos presentan un alto índice de mercurio en el cuerpo. Las imágenes son el testimonio de una investigación llevada a cabo por la Fundación Oswaldo Cruz y por el Instituto Socioambiental de Brasil. La investigación se practicó entre la población yanomami que habita en el norte de este país.

Otro estudio, realizado por RAISG –institución internacional que agrupa a organizaciones ambientales procedentes de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela– llamado La Amazonía saqueada señala que en toda la región hay más de 2.000 puntos y 200 áreas de minería ilegal: “Aunque la extracción minera siempre ha existido en esta región, su proliferación actual no se compara con ningún otro momento de la historia”, señala Beto Ricardo –secretario ejecutivo de RAISG–.

¿Qué minerales buscan? Oro, diamantes, coltán, bauxita y tierras raras. El estudio se basa en la compilación de datos, análisis de imágenes satelitales y notas de prensa hasta 2017. El mayor número de puntos de minería ilegal se encuentra en Venezuela con 1.899 puntos, le siguen Brasil (321), Ecuador (68) y Perú (24). El extractivismo –como se le conoce– tiene efectos ambientales sobre los lechos de los ríos como consecuencia del uso de mercurio.

El metilmercurio –una sustancia que se origina a partir del mercurio vertido en el agua– es un compuesto altamente tóxico que afecta a las poblaciones de peces, la principal proteína consumida por los pueblos amazónicos. Es una sustancia neurotóxica que ataca el sistema nervioso central, causando problemas motrices y cognitivos, pérdida de la visión y, por otro lado, enfermedades cardíacas. Los más vulnerables son las mujeres embarazadas y los niños.

Investigaciones similares se realizaron en Bolivia, Colombia y Perú. Por ejemplo, en Colombia un estudio en el río Apaporis del Instituto Nacional de Salud reveló que hasta un 80% de las poblaciones indígenas en la región están contaminadas por mercurio.

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MINERÍA. Cerca de la ciudad de Castelo dos Sonhos, estado brasileño de Pará, mina ilegal de oro salvaje, ubicada en un área de la selva tropical amazónica deforestada. La imagen es de junio de 2013.

Guerrilla

El Parque Nacional Yapakana en Venezuela, cuenca del río Tapajós en Brasil, cuencas hidrográficas de Putumayo, Caquetá, Apaporis, Guainía e Inírida en Colombia; Reserva Nacional Tambopata en Perú, Tierras Bajas, Yungas –región de tránsito entre Los Andes y la Amazonía–, Madidi, Pilón Lajas en Bolivia son áreas protegidas presionadas por la minería ilegal.

De acuerdo a un informe de diferentes organismos del Estado Amazonas en Venezuela, “la guerrilla es la que administra todas las minas. Parte y reparte el oro y se queda con la mayor parte que va hacia Colombia. Los generales de las fuerzas armadas acantonadas en Amazonas tienen su gran tajada: el de la Guardia Nacional Bolivariana, la Armada y la Aviación. Cada cierto tiempo van en helicóptero a las minas a buscar su tajada. La degradación del ambiente es bestial y el agua del Orinoco en esa región ya no se debe tomar ni comer sus pescados por el mercurio arrojado en sus aguas”.

Las poblaciones indígenas no solo se han visto afectadas desde el punto de vista territorial, ecológico y sanitario, sino que también sus tradiciones y costumbres se han visto disminuidas. Muchos jóvenes han abandonado el conocimiento ancestral de los abuelos, la escuela y se han distanciado de las autoridades tradicionales para dedicarse a la minería ilegal.

Trabajo Infantil

De más está decir que el trabajo infantil vulnera los derechos humanos de los niños. Sin embargo y a pesar de que el trabajo infantil está prohibido en la actividad minera, esta pone en riesgo a miles de niños.

Por ejemplo, según cifras de la Organización Internacional de Trabajadores (OIT), en Ecuador, Bolivia y Perú 65.000 niños y adolescentes están involucrados en la actividad minera, mientras 135.000 se encuentran en riesgo. Así lo señala un informe de 2014 llamado La realidad de la minería ilegal en países amazónicos. Investigación que afirma que esta actividad se practica en todos los países de la cuenca amazónica. De allí que los niños se vean involucrados en diversas tareas relacionadas con este sector.

  • Operaciones mineras de subsuelo: perforación de rocas, ayudantes en la manipulación de cargas explosivas, transporte del mineral desde el interior de las minas, extracción clandestina del mineral en otros campamentos.
  • Selección y reprocesamiento de desechos mineros: selección manual de pequeños restos del mineral; lavado, concentración y amalgamación con mercurio.
  • Operación de beneficios de minerales: aplicación del mercurio al mineral molido y amalgamado; utilización de sopletes para llevar el mercurio a temperaturas de más de 350ºC.
  • Trabajos vinculados al ambiente minero: guías de turismo en las minas, venta de muestras del mineral; traslado y venta de alimentos en las minas; atención en bares, restaurantes y prostíbulos. “Las niñas participan en la atención a clientes en pequeños negocios, en algunos casos son explotadas sexualmente”.

Áreas protegidas y tierras indígenas

El 28% del territorio amazónico pertenece a pueblos indígenas y un 23% de la región a áreas protegidas. En total unos 390 millones de hectáreas sufren presión y amenaza por la minería ilegal o la construcción de carreteras.

Y esta presión también proviene en infinidad de ocasiones de las autoridades. A veces el abuso de su poder es evidente. El 25 de septiembre de 2011 una marcha de los pueblos indígenas bolivianos que se dirigía hacia La Paz fue reprimida por las fuerzas policiales del Estado. Según cuenta el documental Chaparina en la memoria.

Aunque un escudo policial con las palabras “Policía UTOP” (Unidad Táctica de Operaciones Policiales) trataba de impedir que la cámara registrara los hechos, las imágenes mostraban a dos policías con botas, cascos, pecheras y máscaras arrastrar a una mujer descalza que trataba de huir hacia unos matorrales. Luego de amarrarle las manos por detrás y amordazarla, la arrastran hasta un camión con más gente. En la puerta del chófer dice: “Policía Nacional. Uso Oficial”.

Los indígenas se encontraban en un campamento que paulatinamente fue rodeado e invadido por policías. En el campo de tiendas improvisadas se observa cómo las personas acorraladas por los gases lacrimógenos huyen hacia los matorrales. Algunos logran escapar; otros son apaleados, maniatados y amordazados. Entre los que huyen hay niños menores de un año.

Consulta previa, libre e informada

¿Qué demandaban estos ciudadanos al Gobierno boliviano? Consulta previa, libre e informada ante la amenaza de construcción de una carretera en medio del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). Ocho años después del hecho se construyeron solo dos tramos de carretera y el proyecto está paralizado entre idas y venidas de activistas y Gobierno. Sin embargo, la comunidad de Trinidacito sufre los embates de su osadía:

“Su lucha por evitar la construcción de la carretera les costó caro. No tienen agua potable, tampoco energía eléctrica o conexión en telecomunicaciones. La educación solo llega a nivel primario y eso cuando hay maestro. La atención en salud no existe. No hay médicos ni medicinas. Las casas son rústicas y solo se puede acceder a la zona caminando y en avioneta, a un costo de 600 dólares impagable para los comunarios”, reseña el reportaje “El Tipnis y el Madidi: las heridas que sangran en el rostro indígena de Bolivia”.

El área, conocida comúnmente en Bolivia como el Tipnis, está ubicada entre los departamentos del Beni y Cochabamba; tiene la mayor tasa de pluviosidad en el Estado Plurinacional y alberga diferentes ecosistemas. Es hogar de 470 aves, 108 mamíferos, 39 reptiles, 53 anfibios y 188 peces más 2500 especies de plantas no registradas. Esto solo en un pedacito de Amazonía.

Incendios y deforestación

Para mediados de agosto el Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon) en Brasil reportaba un aumento de la deforestación en la Amazonía legal de 15%. El período registrado era de agosto 2018 a julio 2019. El aumento se comparaba con el período anterior, agosto 2017 a julio 2018. Imazon a través del Sistema de Alerta de Deforestación –basado en imágenes satelitales– detectó 5.054 km2 de bosque deforestado. Solo comparando julio de 2019 con julio de 2018 el aumento de la deforestación se medía en un 66%. Los estados más afectados: Pará, Amazonas y Mato Grosso.

Este hecho fue el detonante de una polémica y alarma mundial que llegó a su punto más álgido con el avance de incendios en la Amazonía brasileña. Pese a que los incendios en Brasil son algo “normal” por la estación seca y la baja humedad, la gran interrogante en este contexto es ¿cómo pueden ser normales los incendios para un bosque tropical con una media de pluviosidad –en teoría– de 2.000 mm al año, una selva que es capaz de producir el agua que necesita?

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DEFORESTACIÓN. Para mediados de agosto el Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon) en Brasil reportaba un aumento de la deforestación en la Amazonía legal de 15%.

La respuesta, poco alentadora, es que los incendios están ocurriendo en áreas ya deforestadas. Un artículo de The Washington Post explica que los incendios se presentan al margen del corazón de la selva. Usando imágenes proporcionadas por la NASA y la Universidad de Maryland, se puede ver que el área de deforestación coincide con los incendios, lo que conduce a los autores del artículo a la conclusión de que el corazón del bosque sigue intacto.

Lo que, desafortunadamente para la Amazonía, no disminuye ni un ápice es lo grave de la situación. Pues en los últimos años se ha incrementado la deforestación por el avance de tierras de cultivo y pastoreo. Este avance es impulsado por la naturaleza de la economía brasileña la cual depende de la exportación de productos básicos provenientes del sector agrícola.

De hecho, el conflicto comercial China-EEUU ha impulsado el cultivo de soja del gigante sudamericano en los últimos años. Además, la demanda de carne brasileña también ha aumentado desde el gigante asiático. De allí que los autores señalen que un cambio en los patrones de consumo en las naciones desarrolladas impactaría sobre el territorio amazónico.

Para más dolor los “normales” incendios en Brasil tienen una alta tasa de incidencia desde que se registran datos estadísticos a partir del año 1998. Entre los años 2002 y 2008; en 2012 y 2015  se registraron incendios que oscilan entre 200.000 y 400.000 focos al año, lo que evidencia que esta irregular situación no es nueva, pero no por ello menos grave. Pues al comparar las cifras de Brasil con el número de incendios en otros países suramericanos la diferencia es abismal.

La fiebre del ipé

En la deforestación de la Amazonía también juega un papel importante la explotación forestal. El Ipé, por ejemplo, es un árbol cuya madera se caracteriza por su durabilidad, dureza y resistencia natural a la pudrición. Así lo señala el informe Amazonía una crisis silenciosa de Greenpeace, donde se afirma que la madera del Ipé es muy demandada por el sector de la construcción, debido a que sus características la hacen especialmente apta para bordes de piscinas, suelos y terrazas.

Esta súper madera se encuentra en muelles, pasarelas y puentes de Nueva Jersey, California, Nueva York; en el Centro Mundial de Comercio en Ginebra y en la Biblioteca Nacional de París; en la biblioteca del Palacio Presidencial de Brasil y en numerosas obras públicas de Barcelona, Bilbao, Madrid, Palma de Mallorca y Pamplona, de acuerdo con Greenpeace. De hecho en 2013 el mercado español fue el octavo mayor comprador de madera amazónica, a pesar de la advertencia de que su excesiva explotación estaba generando presión sobre la especie.

Escribir sobre la Amazonía podría llenar todas las páginas de esta edición; su riqueza es vasta, incalculable y generosa. Desafortunadamente, la ambición humana está destruyendo un bastión único y poderoso en la lucha contra el cambio climático. Lamentable, es el hecho de que poblaciones indígenas enteras –que han sabido vivir en este territorio, sortear sus peligros y gestionar sus recursos sin diezmar sus riquezas– estén siendo desplazadas, vulneradas en cuanto a derechos humanos y territoriales, además de desaprovechadas en su sabiduría en aras de un progreso que pareciera desvanecerse para millones de seres humanos. Por lo que la defensa de esta región se plantea como un inmenso desafío que demanda sin retrasos la acción coordinada de las naciones y la profundización en los conocimientos de esta indómita selva. #C16Alerta #Amazonía

Para más información visite Cambio16.com

Puede adquirirla impresa, en digital, suscripción digital y suscripción total.

 

About Maria Rosales

Redactora creativa con 17 años de experiencia como investigadora y editora de contenidos. Aficionada a los idiomas y entusiasta de los deportes al aire libre. Redactora en Cambio16, especialmente para las sesiones de Medioambiente y DDHH.

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