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Deporte femenino: juntas, imparables

Para el momento en que se escribió este artículo, España logró la gesta histórica de alcanzar por primera vez los octavos de final del Mundial femenino de fútbol en Francia. Sin embargo, las portadas de los principales periódicos deportivos del país están dedicadas a los rumores sobre un posible regreso al Barcelona de Neymar, que enfrenta un proceso judicial por presunta violación. También un perfil sobre el extremo brasileño Rodrygo, que jugará en el Real Madrid la próxima temporada, y más rumores sobre una compra de Pogba por el conjunto blanco. Sí, ellas aparecen, pero relegadas a las esquinas, donde apenas se ven. El asunto irrita más cuando se piensa que si la situación fuera al revés, no ocurriría de la misma forma. 

Esto solo es una pequeña muestra de la diferencia de trato, tanto de los medios de comunicación como de las organizaciones, federaciones y clubes, que reciben las mujeres que se dedican a la práctica deportiva en todas las disciplinas.

Evidentemente, ocurre en todos los niveles: desde el amateur hasta el profesional, pero es en este último donde las distancias se hacen más marcadas. Desde los salarios y los contratos hasta los patrocinios y la publicidad, las deportistas deben luchar por tener los mismos derechos que sus colegas hombres

Cuestión de género

El asunto no es nuevo, ni está lejos de acabarse. A pesar de que la palabra “igualdad” cada vez tiene más cabida en el ámbito deportivo, algunos la utilizan en un tono reivindicativo y otros creen que ya el tema está “superado” pues pareciera que cada día la mujer ocupa nuevos espacios y rompe nuevos horizontes: por ejemplo, entrenar a equipos masculinos o ser jueces o árbitros o convertirse en dirigentes de clubes y federaciones para ocupar más espacios de poder. Pero estos son ejemplos esporádicos, excepciones a la regla.

Así como sucede en cualquier ámbito público de la vida, el deporte fue concebido por y para hombres. Como explicó el destacado sociólogo francés Pierre Bourdieu en su conferencia “Deporte y clase social”, de 1978, el origen del deporte en su sentido moderno está en las public schools inglesas, durante la explosión de la Revolución Industrial, donde los hijos de las clases altas se apropiaron de juegos populares y los dotaron de una nueva significación: la actividad física por ocio, la actividad física sin otro fin que el propio rendimiento.

Pronto, prosigue Bourdieu, el deporte pasó a ser un campo para “la afirmación de las virtudes varoniles de los futuros líderes”, entre las cuales destaca el coraje, la hombría, el carácter y “la voluntad de ganar, que es el sello del verdadero líder”. 

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La selección femenina de fútbol ha ganado mucho terreno en el balompié

Además, y tal vez esta es la característica más importante, el deporte también se convirtió en parte del debate más amplio sobre las luchas del uso legítimo del cuerpo, en las que las mujeres tenían todas las de perder. Al usar como principal excusa la posible pérdida de fertilidad, a las mujeres se les prohibió participar en disciplinas que se consideraban dañinas para ella, como el fútbol, el rugby o la lucha. Mientras, se les dejaban las disciplinas que fueran “aptas” para sus capacidades como el tenis, el croquet, el patinaje o el tiro con arco.

Pero, a pesar de la insistencia en prohibirles ciertas prácticas, a mediados del siglo XX, en medio de la ola del feminismo, las mujeres insistieron y lograron conquistar espacios que han ido creciendo hasta nuestros días. En los Juegos Olímpicos, por ejemplo, se pasó de una participación simbólica en 1900 de 22 mujeres en tenis y golf, hasta la participación de 5.600 atletas femeninas en Río 2016 en todas las disciplinas.

Igualando la estructura 

A pesar de que las mujeres, al menos en Occidente, no tienen casi restricciones para jugar algún deporte, la discriminación se produce desde otros ámbitos del sistema como los salarios, los premios, la retransmisión del deporte femenino e incluso desde el ámbito legal. El tema de la igualdad de premios y salarios es uno de los que enciende más debates, especialmente en el tenis, una de las disciplinas en las que las mujeres son más respetadas y han conquistado más derechos desde que Billie Jean King y otras ocho tenistas fundaran la WTA en 1973. 

Ese mismo año, el US Open fue el primer Grand Slam en dar los mismos premios en metálico a hombres y mujeres, mientras que Wimbledon se convirtió en el último en hacerlo en el 2007. Pero en el resto de torneos las mujeres ganan 80 centavos por cada dólar que gana un hombre. Tenistas como Novak Djokovic y Rafael Nadal insisten en que la brecha se explica porque los “hombres generan más ingresos”. 

Sin embargo, esta explicación es inexacta pues la estructura mediática, clave para generar interés en la disciplina, no le brinda al deporte femenino las mismas condiciones que al masculino.

“¿Se trata igual mediáticamente a Muguruza que a Nadal? ¿Emiten sus partidos y en los mismos horarios? ¿Juegan en las mismas pistas? Normalmente en horario de máxima audiencia juegan ellos, y ellas casi siempre quedan relegadas a las 4:00 de la tarde, cuando la gente está trabajando. No estamos hablando de lo mismo. Hay que ponernos a todos en el mismo plano y entonces ya hacemos las comparaciones”, indica Pilar Calvo, secretaria general de la Asociación para Mujeres Profesionales en el Deporte, según recoge la periodista Mamen Hidalgo. 

Pagos dispares

Según explica Clara Sainz de Baranda, especialista en estudios de género, los medios de comunicación se excusan en la idea de que las “mujeres no generan espectáculo” para no ceder espacios y, por lo tanto, seguir manteniendo el sistema tal como está. Pero existen cifras que demuestran lo contrario. 

En el caso de las mujeres en el tenis, en Estados Unidos este es el único deporte cuya audiencia en el año 2016 fue más joven que en 2006, según un estudio del Sport Business Journal. Es decir, que el interés de las nuevas generaciones está más en ellas que en ellos. Asimismo, el presidente de Tennis Channel, Ken Solomon, aseguró el año pasado a The New York Times que los partidos con más audiencia son los de las mujeres. Durante la celebración del Madrid Mutua Open de este año, Nadal también expresó que, además de por lo que se genera, se debería pagar de acuerdo con la calidad del trabajo, independientemente de si eres hombres o mujer. 

Hay que empezar por el hecho de que habría que determinar exactamente a qué se refiere por calidad del trabajo. Si lo llevamos a éxitos deportivos, hay ejemplos claros en los que no se cumple. Por ejemplo, fútbol femenino. Mientras la selección femenina de fútbol de Estados Unidos ha sido campeona del Mundial en cuatro ocasiones, incluyendo Francia 2019, los hombres ni siquiera se clasificaron para el Mundial de Rusia 2018.

Aún así, la federación estadounidense les paga a ellos un monto de 5.000 a 17.000 dólares, según la calidad del partido, que ni siquiera depende del resultado. A ellas no se les ofrece esa cantidad y solo les pagan si ganan a equipos que estén en el Top 10 en el ranking. Por esta razón, las futbolistas presentaron una demanda a la Federación en un juzgado de Los Ángeles el pasado 8 de marzo. 

Maternidad y deporte 

Otro de los problemas a los que las mujeres deportistas deben enfrentarse es conciliar la maternidad con su carrera. Para muchas, el deseo de tener hijos es incompatible con perseguir sus metas deportivas, no solo por la imposibilidad de conciliar, sino porque tampoco cuentan con la protección de un contrato que no les permita ser despedidas de sus clubes o desechadas por la federación. 

En el deporte de élite hay varios ejemplos de mujeres que decidieron ser madres, volvieron a competir y ganaron. En los Juegos Olímpicos de Río hubo dos ejemplos. La ciclista estadounidense Kristin Armstrong, de 43 años, tuvo a su hijo en 2013 y ese año conquistó su tercera medalla de oro. Mientras que la española Maialen Chourraut se convirtió en la primera madre en ganar oro en el piragüismo y también la primera española, hombre o mujer, en conseguirlo. 

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Maialen Chourraut demostró que se puede ganar después de ser mamá

El castigo de ser mamá

Sin embargo, no todas cuentan con el apoyo para continuar con su carrera. Este año, después de que la compañía de ropa deportiva Nike lanzara un anuncio inspirador sobre las mujeres deportistas, la atleta Allyson Felix, única mujer en lograr seis oros olímpicos en el atletismo, denunció a la empresa por ofrecerle un contrato más bajo después de convertirse en madre el año pasado

“Las atletas tenemos demasiado miedo de decir públicamente que si tenemos hijos corremos el riesgo de que nuestros patrocinadores nos recorten el salario durante nuestro embarazo y después”, explicó Felix en un ensayo para The New York Times. “Es un claro ejemplo de una industria deportiva donde las reglas están hechas mayoritariamente por hombres”, agregó. 

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Alyson Felix denunció públicamente a Nike por su discriminación

En España, desde la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP) se pide una renovación de la Ley del Deporte, que data del año 1990, para que el deporte femenino esté regulado y las mujeres puedan tener un marco legal en el que ampararse, más allá de la Ley de Igualdad. “Es básico, tener un modelo deportivo hacia donde queremos mirar. Hasta ahora seguimos dando tumbos”, asegura Mar Mas, presidenta de la AMDP.

“Date una vuelta” 

Por otro lado, y volviendo a la cobertura de los medios de comunicación, también se ha demostrado que la mujer deportista suele recibir un tratamiento sexista por parte de la prensa, que va desde destacar su apariencia y su ropa, pasando por su vida privada y sus parejas, hasta llegar a la infantilización. 

A veces, es tan obvio como titular con “Y hasta se ha echado novio”, tal como le ocurrió a la jugadora de bádminton Carolina Marín. Otras veces ocurre a pie de cancha, como le ha pasado ya en varias ocasiones a la tenista Eugenie Bouchard, a quien los reporteros le han pedido que se de una vuelta para que se exhiba y luego hable de su ropa y no de su juego. Igualmente, es común leer o escuchar la palabra “chicas” para hablar de las jugadoras de una selección, término que no se utiliza con sus contrapartes masculinos y que conlleva la infantilización, y por ende, la disminución de la figura de las deportistas. 

Al final, todas estas prácticas perpetúan estereotipos sexistas sobre las atletas y las mujeres que se dedican al deporte. Como se ha visto, la igualdad no es algo de un solo ámbito sino que viene dada desde muchos aspectos. No solo basta con que las mujeres puedan practicar deporte, sino que también es necesario que se le respete y se le recompense por ello, tal como se hace con los hombres.

En efecto, el deporte comenzó siendo un ámbito masculino, pero ellas también quieren conquistarlo.

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