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martes , abril 23 2019
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Esquí, onsen, arte y sashimi

Por Ramón Vilaró @VilaroRamon

Esquiar en Niseko, en Hokkaido, Japón, es un placer que se comparte con el relax en los baños termales en los onsen, degustación de sashimi y el peculiar descubrimiento de un museo Picasso entre montañas volcánicas cubiertas de una singular nieve polvo.

Hokkaido es la tercera isla de más extensión en el archipiélago japonés. Es una de las zonas más desconocidas del país del sol naciente. Sin embargo, tanto sus paisajes como su gastronomía y habitantes suponen un descubrimiento para el viajero, más habituado a los circuitos clásicos como son la gran urbe de Tokio, combinado con la antigua capital y sus templos en Kyoto.

La isla de Hokkaido vivió su primer gran impulso a finales del siglo XIX, con la apertura Meiji, a través del desarrollo de la ciudad sureña Hakodate, que es la puerta de entrada con la vecina isla de Honshu, la más extensa y poblada del archipiélago japonés. Además de su capital, Sapporo ofrece variadas sorpresas y, entre ellas, la región volcánica de Niseko y otras estaciones de esquí como Kiroro o Iwanui.

“Aquí la nieve es particular” dice Acme Wu, del departamento de turismo, “porque los temporales llegan con las corrientes siberianas que nos dan esa nieve granulada en polvo”. Tal es el origen de la nieve conocida como el “japow” –contracción, en inglés, de Japón y nieve polvo–, que atrae a esquiadores japoneses y, sobre todo, australianos, chinos y coreanos. Es una de las nieves más ligeras y “secas” del mundo con una acumulación media de unos quince metros por temporada.

Es en el parque nacional de Niseko Annupuri, a unas dos horas de Sapporo, donde se han desarrollado en estas últimas décadas como grandes centros de esquí. Aunque Sapporo ya organizó en 1972 los primeros Juegos Olímpicos de Invierno –donde el español Paquito Fernández Ochoa ganó la medalla de oro en eslalon especial– seguido de los celebrados en 1998 en Nagano, en los denominados Alpes japoneses, a solo un par de horas en tren desde Tokio.

Niseko se convirtió en un importante lugar turístico

Para llegar a Niseko hay que viajar hasta Sapporo, célebre por su historia, museos y también por su cerveza, a poco más de una hora de avión desde Tokio. En 2025 esperan la llegada del famoso Shinkansen, el tren bala, que unirá Tokio y Sapporo en cuatro horas. De ahí el desarrollo de los nuevos centros de esquí impulsados por la inversión extranjera de origen australiano, tailandés y chino.

La vida en Sapporo: Capital de Hokkaido, es la prefectura más septentrional de Japón. La atmósfera de la ciudad recuerda más el espíritu pionero que a las raíces de siglos de tradición.

 

“Pronto necesitaremos visado para ir a esquiar a Hokkaido”, ironizó un diplomático japonés ya retirado cuando le dije, en Tokio, que me iba a esquiar a Niseko. Una estación de esquí donde sofisticada y segura, en la que se accede a hoteles y pistas a través de una empinada avenida de más de un kilómetro que está siempre en condiciones para circular. ¿El secreto? Cuenta con un sofisticado sistema de aguas termales subterráneas que calientan aceras y asfalto para seguridad de automovilistas y peatones. Así es Japón.

Hoteles tradicionales compiten con nuevos complejos hoteleros de grandes cadenas internacionales de Estados Unidos o Singapur. Así se ha transformado Niseko impulsada por la fama entre los esquiadores y snowboarders de la nieve “japow”, que hace las delicias de los freeriders.

En Niseko se encuentra uno de los fabricantes de tablas de snowboard más famosos del mundo, incluida la elaboración de un modelo con componentes de bambú, abundante en la zona y donde se esquía fuera de las pistas, entre arces y pequeños tallos de bambús. La sofisticada fabricación artesanal está acorde con sus precios, que pueden llegar hasta un equivalente a unos 1.500 euros.

Después de una jornada de esquí con la nieve casi hasta las rodillas –aquí las precipitaciones llegan a acumular hasta tres metros de nieve– nada mejor que un relajante baño en alguno de los onsen, con sus aguas sulfúricas a 40º grados de temperatura, al aire libre y rodeados de nieve. Goshiki, a 750 metros de altitud, medio oculto entre las montañas volcánicas es uno de los más famosos y la experiencia vale el viaje. Ni que decir que hay onsen en casi todos los hoteles.

Y, para las delicias gastronómicas, nada mejor que una cena con ostras gigantes de los fríos mares de Hokkaido, seguido de sashimi o sushi. Sin olvidar las carnes ovinas de animales alimentados en sus prados o las famosas patatas de la isla.

Desde Niseko se puede ir a esquiar a otros centros cercanos como Iwanai, una pequeña estación que ha preservado todo su encanto vintage, capaz de atraer celebridades del mundo de Hollywood o de Fórmula 1, a quienes gusta el exotismo y la privacidad. Aquí se esquía con vistas al océano Pacífico y al pueblo pesquero con una potente flota especializada en pesca de calamar. También con fama por sus costureras de kimonos y su templo budista donde el monje prior nos introduce en los secretos y rezos de la secta Jodo, mientras espera el regreso de la escuela de su hijo acompañado de su esposa.

Picasso en Japón

Otra de las sorpresas de Iwanai es hallar, en la ladera de la estación de esquí, un complejo hotelero y museístico con una de las colecciones de dibujos y grabados de Pablo Picasso. “Mi padre adquirió esta colección a una fundación en Estados Unidos en la década de 1980 y la incrementó con nuevas compras”, dice su propietario, Takashi Arai, orgulloso de mostrar toda la planta del museo con más de 300 obras del pintor malagueño valoradas en unos 300 millones de euros. El edificio museístico, en los jardines del recinto hotelero, recibe unos 200.000 visitantes al año, sobre todo en verano, cuando esa zona del suroeste de Hokkaido atrae a numerosos turistas.

En el templo: La fuente de aguas termales de Jozankei Onsen fue descubierta por un monje asceta.

 

En la ciudad de Sapporo, capital de Hokkaido, la actividad bulle incluso en los fríos días de invierno. Alrededor de la estación central se expanden como tentáculos de un pulpo gigante las galerías subterráneas con tiendas, restaurantes y servicios. Y en la superficie nevada aguantan temperaturas medias de 10 grados bajo cero. No es extraño que uno de sus eventos más famosos sea el festival de la nieve, cuando se construyen estatuas de nieve que representan edificios famosos de todo el mundo.

El parque Odori, que cruza de norte a sur esta ciudad de casi dos millones de habitantes, cuenta con una torre de telecomunicaciones réplica de la torre Eiffel. Pero el edificio más emblemático es el que fue sede del gobierno de Hokkaido en los tiempos pioneros, familiarmente conocido como Akarenga, o edificio de ladrillos rojos. Actualmente es un museo de la historia de Hokkaido, incluido el patrimonio de los habitantes autóctonos, los ainu, los primeros habitantes de la isla cuyas tradiciones forman parte de un museo al aire libre en Shiraoi, en los alrededores de Sapporo. Otra visita obligada es el museo de la cerveza del mismo nombre que la ciudad.

La escasa densidad de habitantes, en relación con el resto de Japón, con una población de 120 millones de habitantes, convierten Hokkaido en uno de los destinos favoritos del turismo local. En especial durante el verano, con visitas a lagos, montañas y playas, sin olvidar sus campos de cultivo de flores y lavanda en las laderas de la cordillera Tokachi, en la zona de Furano.

Y, para los más aventureros, siempre quedan los denominados Territorios del Norte, las islas situadas al norte de Hokkaido cuyo corolario se extiende hasta la frontera con Rusia, en la península de Kamchatka, con las islas Kuriles que aún son tema de disputa entre Tokio y Moscú desde aquella guerra ruso-japonesa de 1905 y actualmente en fase de un acuerdo definitivo.

Hokkaido es un paraíso para esquiadores en invierno, sin olvidar sus encantos naturales y gastronómicos, incluido sus cangrejos gigantes, en cualquiera otra temporada del año en esa peculiar isla del norte de Japón.

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